Hace unos meses tuve mi único, y muy breve, intercambio con el profesor Steve Keen en Twitter.

 

Keen es un interesantísimo economista heterodoxo, que ha adquirido una merecida reputación por haber prevenido incansablemente en los años previos al inicio de la Gran Recesión de 2007 de lo que venía por el horizonte.

La atención del profesor Keen está centrada en la deuda privada y cómo su exponencial crecimiento presagia la llegada de crisis en el mundo de hipertrofia financiera que vivimos. Pero el comentario que me hizo en Twitter era sobre otro tipo de crecimiento, el puramente económico. En su mensaje me remitía al blog de un físico que, al parecer, probaba la imposibilidad del crecimiento económico constante, una obsesión que le atribuía a los economistas.

La lectura del texto que me envió Keen fue bastante decepcionante. Lo que se dice ahí (y que Keen, economista, incomprensiblemente para mí sanciona) muestra un conocimiento bastante superficial de qué es y cómo se calcula el PIB, y una la adopción de ciertas falacias propagadas por internet.

El físico citado (Tom Murphy) nos remite a la termodinámica para afirmar que, si los humanos siguen produciendo energía, acabarán “cocinando” la tierra. Vaya por delante que soy un ignorante en las leyes de la termodinámica, pero tengo entendido que otra de sus bases es que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Así que resulta bastante curioso leer a alguien del ramo afirmar que los humanos “producen” energía y pueden hacerlo más allá de la que recibe el planeta (básicamente del sol).

Lo que los seres humanos están haciendo es liberando energía que está almacenada en la tierra (en general en forma de combustibles fósiles) procedente de millones de años de influjo solar. Y este es un proceso que podemos revertir. De hecho una de las soluciones que el sistema propone al problema del cambio climático es profundizar en nuestras tecnologías para almacenar los gases de efecto invernadero. Aunque no pensemos que esta “tecno-solución” es adecuada a un problema que es acuciante, no debemos despreciar la posibilidad de devolver a la tierra la energía almacenada que le hemos extraído. Y siendo tecnologías en desarrollo, es plausible pensar que lograremos hacerlod e forma masiva antes de que “cocinemos” el planeta.

Porque otra de las trampas que se encuentra uno en el texto de Murphy es  de limitar la discusión al planeta tierra, para luego argumentar con procesos a tan largo plazo que son totalmente extraterrestres. Un sistema social es un proceso humano, y se da por tanto a escala humana. Ninguna organización social puede sobrevivir los períodos temporales en los que se mueve la idea de “cocción” de la tierra. Criticar nuestro sistema económico sobre la base de que pudiera afrontar semejantes retos es mezclar escalas.

Pero ¿por qué esa obsesión con la energía y la termodinámica? ¿Qué tiene eso que ver con los economistas? Y aquí es donde creo que reside la mayor confusión que se crea en ese artículo. Nuestro físico argumenta que la humanidad va a seguir utilizando crecientes cantidades de energía,  porque así viene siendo desde 1650. Es decir, adopta la muy economista posición de tomar un período de tiempo arbitrario y extenderla indefinidamente en el futuro. Vaya con las ciencias duras. Sí, la revolución industrial y todo lo que ha venido después ha supuesto un incremento exponencial de la energía por los seres humanos y un crecimiento económico sin precedentes, pero ya comenté en mi anterior entrada que utilizar el pasado (costumbre y tradición) para determinar la economía política del futuro es un mal camino.

El crecimiento económico que tanto denostamos procede del aumento de una simple variable a la que llamamos PIB, cuyo cálculo no justifica un aumento indefinido del uso de energía. Tom Murphy en su anterior post al respecto  menciona, y después ignora totalmente, que el PIB computa todo tipo de flujos monetarios, incluidos por ejemplo servicios. Ahora, incluso si estuviésemos obsesionados con hacer crecer el PIB, es difícil encontrar cómo un crecimiento que estuviera basado en servicios (que es lo que ocurre en la actualidad en las economías avanzadas) nos llevaría a la catástrofe termodinámica.

Pondréa uno de esos ejemplos simplones para ilustrarlo: imaginemos que un gobierno decide imponer un nuevo impuesto sobre el patrimonio a grandes fortunas. En el momento actual, existen grandes cantidades de ahorro paralizadas, sin entrar en actividades productivas. Por ello bien podríamos asumir que al menos gran parte de ese dinero extraído a través del nuevo impuesto estaba descansando en depósitos sin utilizarse (no contablizaba en el PIB, que mide flujos monetarios en el año).

Pongamos ahroa que ese gobierno decidiera que el dinero recaudado le permite realizar una campaña de mejora de la educación y aumento de empleo, y recluta a miles de profesores para reducir la cantidad de alumnos por clase. En esta sencilla operación, todo el dinero invertido en ello pasa a formar parte del PIB de ese año como salarios. Hemos generado un aumento del PIB sin producir nada físico, y difícilmente un montón de desempleados dando clase incrementan el uso de energía.

Por otro lado, la obsesión por el crecimiento es algo que Murphy asume basada en una curiosa premisa: que el sistema “financiero de deudas e interés” requiere necesariamente de crecimiento, y no sólo de forma constante, sino incluso en aumento.

Esta afirmación es el origen de todo el problema, y es que Tom Murphy cae de lleno en uno de  los quilombos absurdos que circulan por Internet. En este caso entre los círculos más progresistas (y curiosamente anarco-capitalistas también) de la gran familia conspiranoica de la red, donde está afianzada la idea de que la existencia de préstamos a interés obliga a que haya crecimiento económico para poder devolver los créditos.

Pues no, ni el dinero es deuda, ni el pago de intereses exige que haya crecimiento económico. No puedo extenderme en explicar esto, pero baste decir que el crédito y los intereses son todo conceptos nominales: se generan y se pagan en dinero, y podrían perfectamente tener lugar sin afectar en nada a la economía real si la inflación fuera lo suficientemente alta, por poner un ejemplo.

En fin, hay múlñtiples medias verdades e inconsistencias del texto que me dejaré por comentar. Pero creo que es necesario al menos sacar a relucir ciertas invenciones que tanto predicamento están disfrutando en la red, y que desgraciadamente desautorizan a alguien que pretende discutir sobre economía y enfrentarse a economistas en su lenguaje.

¿Quiere esto decir que estamos en Communia abogando por una economía en crecimiento perpetuo? Nada más lejos de la realidad. La búsqueda del crecimiento a cualquier precio es una decisión política, no económica. Ya J.K. Galbraith explicó muy bien de dónde surgía esa fijación, y es lo que spero explicar aquí la próxima semana.