La entrada de hoy comienza como el primer día: aludiendo a un intercambio que tuve en Twitter antes de comenzar con este blog.
En esta ocasión fue Alberto Garzón, candidato a la presidencia del gobierno por Unidad Popular, el que me respondió el pasado verano a un comentario en la red social.

Garzon

En primer lugar, debo dar las gracias a Garzón no solo por molestarse en responder a un completo desconocido, sino también por su afabilidad, respondiendo de forma muy  educada a comentarios míos bastante agresivos. Además debo decir que en dos ocasiones vi a Garzón hablar en la campaña a las autonómicas y me gustó bastante, y que me parece (aunque desde el absoluto desconocimiento) una persona íntegra y comprometida.

La discusión que menciono venía a raíz de una entrevista en la que Garzón defendía su propuesta de trabajo garantizado, atacando la Renta Básica y la idea de dar dinero “solo por existir”, que considera un error y que, afirma, establece incentivos para que la gente no trabaje.

Esto no sorprendió: las personas que consideramos que es necesario dar un paso adelante como sociedad y desvincular la subsistencia del trabajo  estamos acostumbrados a que la Renta Básica sea vilipendiada por la izquierda institucional, ya sean los partidos que se identifican como tal, o los sindicatos mayoritarios .

A raíz de este intercambio me informé (admito que no me había molestado en hacerlo) sobre su propuesta de trabajo garantizado. A día de hoy sigo sin entender bajo qué lógica esta medida proporciona mejores incentivos al trabajo.

En primer lugar, el trabajo garantizado es una propuesta que surge de los economistas keynesianos de la Teoría Monetaria Moderna (MMT), como Randal Wray al que los hermanos Garzón invitaron a la presentación de su propuesta en marzo, y es autor del único libro traducido al español sobre dicha escuela económica.

La MMT, como ya dije en un comentario por aquí, es la teoría económica que más certeramente está estudiando el dinero hoy en día. Es, cuanto menos,  la única que parte de la realidad empírica de que los bancos crean la mayor parte del dinero presente en la economía al conceder créditos independientemente de los depósitos que reciben (al contrario de cómo considera la teoría económica convencional) para luego ajustar sus balances a los requisitos de capital, reservas, etc. que les impone la ley.*

Sin entrar a valorar los méritos y deméritos (que los tiene) de la MMT, hay que aclarar sus puntos de partida. La MMT está elaborada con la vista puesta en la economía estadounidense. Para empezar, sus postulados suponen la existencia de soberanía monetaria, que actualmente España no posee. De hecho, la MMT supone una soberanía que podemos denominar “fuerte”. Es decir, no basta con emitir tu propia moneda, sino que debes ser capaz de endeudarte en ella y ser bastante inmune a ataques especulativos, cosa de la que pocos países pueden alardear.

El mismo Eduardo Garzón admite que el trabajo garantizado es una medida pensada para economías con bajo desempleo ”no como la nuestra”, a pesar de lo cual no parece ver problema en aplicar una propuesta inadecuada a la realidad existente. Dado que la creación de cinco millones de empleos se asume una quimera, se parte de la idea de empezar con un período de prueba con un millón de nuevos trabajos. No entraremos aquí a especular en detalle sobre lo que supondría que comunidades autónomas y ayuntamientos gestionen un programa de empleo que crea un millón de puestos de trabajo para más e cinco millones de parados, en un país con las redes clientelares políticas como el nuestro. La mera idea causa escalofríos.

Sobre la propuesta en concreto, existe de partida el problema filosófico que el mismo Garzón afrontaba. La idea de que la gente de be trabajar para vivir. A medida que avanzamos tecnológicamente y somos capaces de producir con menos aporte humano, obligar a todo ser humano trabaje de forma asalariada para subsistir es una forma de negarnos los frutos de nuestra propia evolución social. Quizás es que los hermanos Garzón están imbuidos de esa frase atribuida de forma totalmente apócrifa a Karl Marx de que “el trabajo dignifica al hombre”.

En lo concreto, choca la idea de que se pretenda generar trabajo para toda la población que está desempleada en sectores donde es necesario. No parece que esta propuesta se diferencie tanto de la simple creación de puestos de trabajo a golpe de presupuesto público. Si realmente esos puestos de trabajo son necesarios, es lógico que Unidad Popular proponga crearlos con dinero público. Pero en estas condiciones corre el riesgo de generar un nuevo sector paralelo de nuevos trabajadores públicos precarizados, cuyo puesto está condicionado a la existencia de este programa concreto y su salario limitado por ley,  renunciando al derecho a negociar mejoras en sus condiciones. En cualquier caso no parece una medida original, ni la exigencia de que uno ha de estar parado para acceder a dichos trabajos justifica el inventarse nombres nuevos.

Por otro lado, la propuesta es, según sus propios defensores, “contracíclica” puesto que se hace uso de ella en épocas de alto desempleo. Esto nos deja con el problema de las personas con trabajos de bajos ingresos sin resolver, particularmente teniendo en cuenta que la medida no aspira a dar trabajo a todos los desempleados. La idea de que un trabajo que se concedería solo a personas que “llevan mucho tiempo en desempleo” y que no puede aplicarse a todos los desempleados va a obligar al “sector privado a ofrecer salarios iguales o mayores a los del plan” se cae por su propio peso, y deja completamente indefensos a los trabajadores en condiciones precarias.

Por otro lado, la propuesta de Unidad Popular incluye un complemento al trabajo garantizado en forma de ingreso mínimo garantizado. Esto implica entonces que a todos los desempleados se les adjudicaría o bien un empleo o un ingreso mínimo. Pero si, en la entrevista con la que iniciábamos este post, el mismo Garzón considera que una renta sin contrapartida desincentiva el trabajo, nadie aceptaría los trabajos que su programa ofrece. En la RB, la obtención de un trabajo permite sumar el salario a la percepción de la renta, pero en la propuesta de Garzón, pasar de no trabajar a hacerlo 35 horas semanales supone perder completamente el ingreso garantizado y solo un levísimo incremento de renta con un trabajo cuyo salario está limitado por ley a menos de 1000 euros netos mensuales (12 pagas). La propuesta es enormemente contraproducente con este añadido, y genera exactamente los incentivos que dice combatir postulándose como alternativa a la RB.

En resumen, uno se pregunta si realmente se han parado a pensar como su crítica a la RB desautoriza su propuesta.

Hace año y medio, Podemos abrió una ventana a la Renta Básica al postularla en las elecciones europeas de 2014. En este año, la han vuelto a cerrar al sustituirla ahora por un programa de rentas complementarias (página 67) que recuerdan demasiado a los complementos salariales de Ciudadanos: Toman en cuenta la “unidad de convivencia” y no al individuo (dejando a la estacada de nuevo, por ejemplo, a las mujeres dependientes económicamente), y supondrían estimular la aceptación de empleos de bajos ingresos, puesto que los complementaría el estado. Estas medidas se convirten  con facilidad en un subsidio a las empresas que peores condiciones ofrecen a sus trabajadores.

Así pues, los partidarios de la RB seguimos siendo huérfanos electorales y como tal yo, personalmente, no puedo darle afecto a ninguno de los candidatos existentes.

 

* Esto podría parecer confirmar el hecho de que “el dinero es deuda”, que negué en esa misma entrada. Pero en el caso de la deuda, el respaldo de ese dinero sería solo la capacidad de pago de los deudores, mientras que la MMT considera que el dinero en nuestro sistema está últimamente respaldado por su aceptación por parte del estado como medio de pago para los impuestos. Espero poder profundizar en esto en otra ocasión.