Europa Press

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Los expertos nos dicen que España debe volver a ser un sistema parlamentario multipartidista y ser gobernada mediante el acuerdo y el consenso entre partidos, a pesar de que nuestro sistema electoral fue diseñado, precisamente, para lograr una alternancia pacífica en el poder mediante el turnismo en inspiración del cambalache político hecho por Antonio Cánovas conocido como la Restauración. Aquella Restauración casi duró 50 años (por ahora más que la Restauración presente) y fue un sistema liberal con una participación censitaria que pronto devino en democracia. Era una democracia imperfecta, pero no seamos tan exigentes, la nuestra también es una democracia imperfecta con distritos electorales imperfectos que deben garantizar la estabilidad del gobierno.

Esta comparación no es baladí, porque la Restauración canovista entró en crisis por la inacción del gobierno, la misma razón que tumbará el actual sistema político. La Restauración fue víctima de la trampa del consenso: como la legitimidad del sistema político provenía de la estabilidad que lograba, y como la estabilidad sólo era posible gracias a un consenso que debía marginar a los discrepantes, al final el gobierno no podía tomar ninguna decisión, porque aquello significaba romper el consenso con el otro gran partido, de tal forma que toda medida legislativa que se aprobaba en la práctica debía vaciarse de contenido para garantizar la paz social. De este modo, la Restauración supuso la parálisis de toda la administración pública, que a su vez debía ceder ante cualquier grupo de presión medianamente organizado.

A día de hoy, nos encontramos en la misma situación. El Partido Popular, a pesar de las reformas aplicadas en los últimos años, no ha ejecutado la agenda ultraliberalizadora sugerida por la Unión Europea. Sigue defendiendo los privilegios garantizados por la estructura de colegios de los notarios, los registradores de la propiedad, farmacéuticos o taxistas que se identifican con el PP. De igual modo, sus estrechos vínculos con la Iglesia Católica exigen darle trato de favor en todos los sectores de la actividad económica en los que participa para no someterse en igualdad de condiciones a lo que se llama libre competencia. El PP no puede avanzar más en la liberalización de servicios sin dañar los intereses de los suyos. El del resto, ya los ha dañado y más allá de continuar con el deterioro de los servicios públicos mediante conciertos, privatizaciones y comisiones, no tienen mucho más margen de acción.

Asimismo, el PSOE, al igual que el resto de partidos socialdemócratas, tampoco tiene agenda o plan posible. Dentro la de Unión Europea sólo tienen sueños o quimeras como otra Europa es posible, el BCE es tu amigo o la inversión en educación y ciencia nos hará más productivos. Es una recopilación de wishful thinking propio de las clases medias ilustradas que tanto gustan de sentirse superiores gracias al haber recibido una formación universitaria, pero más allá de sus resonancias emocionales carecen de contenido o aplicación práctica (mejorar los niveles educativos no reduce la pobreza, sólo logra pobres con mejor nivel educativo).

Por el contrario, Ciudadanos representa al FMI que, cosa inusual, concurre abiertamente a una competencia electoral, si bien no ha logrado el 15% de los sufragios. Son los únicos que tienen un plan de reformas de calado, pero hacer de España el Chile de Pinochet no parece una idea atractiva o sugerente para gran parte de la población. Carecen de legitimidad democrática y, por eso, sus reformas suelen hacerlas gobiernos tecnocráticos impuestos por la Unión Europea. Rajoy, ciertamente, desbarató ese plan.

Finalmente, queda Podemos que sí tiene una agenda propia para el tema catalán, pero que no se atreve a plantear la cuestión de la pertenencia a la Unión Europea. Como expresó el mismo Pablo Iglesias, después del desastre de Syriza en Grecia, sólo les queda esperar a ver qué ocurre en Francia (https://www.youtube.com/watch?v=4uKpJokEcUc). Todavía no hay valor para plantear una salida ordenada y conjunta del Euro de Portugal, España, Italia y Grecia desde la izquierda, plan que sí se empieza a discutir en Italia, pero que aquí parece que no llegará por el miedo que imponen los límites del consenso.

Por lo tanto, de las actuales elecciones sólo puede salir un gobierno que no hará nada, porque cualquier decisión que se tome significaría romper los consensos vertebradores de nuestro régimen político y, especialmente, el mayor y más férreo consenso de todos: la pertenencia al Euro a todo trance. En consecuencia, sólo Ciudadanos tiene espacio político a día de hoy para gobernar y hacer eso que llaman reformas estructurales, si convence al Partido Popular de atentar contra sus bases sociales más sólidas. Escenario que no vendrá de la libre voluntad del PP, sino impuesto por Merkel con la amenaza de reducirnos el oxígeno de la QE. Por esa razón, es lógico que el PP busque el apoyo del PSOE, una baza que le permite ganar tiempo ante Alemania. Si no lo logra, Ciudadanos hará el papel de la troika. En estas elecciones no se ha hablado de Europa, pero nuestro gobierno y nuestro futuro dependen de Berlín, ya que ellos son los que decidirán cuándo la inacción del gobierno se termina. En este sentido, que el problema catalán no se resuelva nos da tiempo, porque una posible ruptura territorial de España es un escenario tan temido por la UE que, por ahora, nos darán margen para no provocar un incendio.