Antonio Baños, líder de la CUP, en un acto independentista.

Antonio Baños, líder de la CUP, en un acto independentista.

Tras una larga asamblea con miles de participantes, la votación de la la militancia de CUP-CC ha empatado a 1515 votos en la decisión entre investir a Artur Mas o evitar que sea presidente.

Cual pollos sin cabeza, un montón de personas se han lanzado en Twitter a decir que había tongo, porque parece inverosímil que una organización pueda estar dividida de manera tan exacta. Pocos parecen tener en cuenta que la gente encargada del recuento incluía a militantes de ambas opciones que no tolerarían un pucherazo, o que un empate es el peor resultado para todas las partes. Para tener eso en cuenta habría que pensar políticamente, claro. La mayor parte de los que opinan que hay pucherazo nunca han militado en una organización asamblearia, pero eso es harina de otro costal. Lo que aquí desmontaremos a vuelapluma es el error de aquellos que argumentan que un empate es matemáticamente imposible o al menos improbable. Para seguir leyendo basta con saber sumar, no se asusten.

El cálculo que más se comparte supone lo siguiente: si hay un empate a 1515 votos, han votado 3030 personas. Estas personas podían votar sí o no (no es exactamente así, pero para el análisis nos vale). Por tanto tenemos dos cajas: la del sí, o la del no, y 3030 votos a repartir. Las posibilidades son por tanto 0 para el no, 3030 para el sí, o 1 para el no y 3029 para el sí, etc, con lo cual tenemos 3031 posibilidades de resultado. Una de estas posibilidades es 1515 votos para el no y 1515 para el sí. Ah, pues ya está, entonces las posibilidades del empate son una entre 3031. Chapó, 1/3031=0.00033 (redondeando) con lo cual, multiplico por 100 y tengo un 0.03% de posibilidades. Hale, ¡a tuitear!.

Error. Podríamos entrar a contarles lo que es una distribución binomial y detallar lo erróneo del cálculo matemático arriba expuesto. Pero esto es un blog de política y, para aburrirles con lo que se ve en un curso de estadística de primero de informática, ya está Galli. Para hacerles un resumen rápido de la idea detrás del post de Galli, les proponemos el siguiente ejercicio mental. En el referéndum para aprobar la no-nata Constitución Europea, ¿era más “probable” un voto en blanco del 30%, o el resultado que finalmente tuvo lugar (victoria del ‘sí’ con el 76,73% de los votos)? La respuesta les sorprenderá.

En Communia preferimos entrar en el análisis de las hipótesis y el factor humano, que entendemos explican mejor los posibles resultados que un cálculo frío donde intentamos ajustar la realidad a los métodos que dominamos. Esto es algo que nunca se ve en las facultades y que explica la profusión de artículos de #datos analizando encuestas electorales. Artículos que, dicho sea de paso, luego no pueden explicar que Podemos sea tercera fuerza a un punto del PSOE, o que Ciudadanos una triste cuarta posición cuando los “datos” les declaraban segundos.

El cálculo (inverosímil) explicado por Galli asume que:

  1. todas las personas en la asamblea votaron,
  2. todas votaron sí o no, ni metieron dos opciones (o una foto de Artur Mas, tachada o no) haciendo su voto nulo, ni votaron en blanco,
  3. es igual de probable que un militante escogido al azar vote sí a que vote no,
  4. hacer el cálculo después de la votación tiene el mismo valor que hacerlo antes (o entre medias).

La primera hipótesis, les aseguramos a los que nunca hayan pisado una asamblea, es falsa. Los resultados de las asambleas que duran un día entero (sobre todo cuando son navidades y se trabaja al día siguiente) suelen depender más de la resistencia de las participantes que de sus convicciones políticas. Por poner un ejemplo rápido: las personas que aguanten hasta el final no serán las que tengan que cuidar de un familiar enfermo al que los recortes sanitarios no le cubran su dependencia.

La segunda hipótesis es obviamente falsa: si el voto va en un sobre, cada uno meterá lo que quiera. No tenemos los datos de la tercera votación, pero miren los de la segunda:

Cualquier análisis honesto de probabilidades, debería de contar las posibilidades de abstención. Claro, que entonces ya no es tan fácil como una distribución binomial.

La tercera hipótesis es siempre falsa: a los militantes de CUP-CC les presumimos más ideología que a una moneda que se tira el aire. Llámennos idealistas. Además, teniendo en cuenta el párrafo anterior, habría que valorar la posibilidad de que cayera de canto o de que alguien agarrara la moneda cuando está en el aire.

La cuarta hipótesis es el quid de la cuestión que desacredita la utilidad práctica de la mayoría de encuestas en política. La gente toma decisiones más o menos razonables que se ven afectadas por el conocimiento que tienen de su entorno. Por ejemplo, alguno de los que hacían el recuento habría cambiado su voto si hubiera sabido de un empate, aunque sólo fuera para evitar el bloqueo (y las acusaciones de pucherazo). Esto sonará raro para aquellos que no hayan pisado una asamblea, pero no hay nada más terrible para una organización asamblearia que un bloqueo.

Por tanto, si quieren comprender como llega Asamblea Nacional de CUP-CC a un empate, les recomendamos que dejen la calculadora y bajen a una asamblea a practicar. En la PAH siempre necesitan gente.