download2016 va a ser un año muy Déjà vu. Van a volver a los cines viejas glorias como Ben-Hur, el Libro de la Selva ó Cazafantasmas, no tan viejos conocidos como Zoolander ó Jason Bourne, así como muchos famosos superhéroes como Batman y Superman (juntos), el Capitán América y Los Vengadores, ó los X-Men.

También parece que vamos a tener de vuelta a una vecina pesada, que en realidad ha hecho como que se iba pero se ha quedado dando la paliza en la entrada: la recesión.

Ya hablamos de que China está en un proceso de frenada (que no de crash) al tocar techo las burbujas que ha estado alimentando para contrarrestar el efecto de la crisis.
Por otro lado, en Japón están perdiendo (de nuevo) la batalla contra la deflación. Los precios se estancaron en agosto de 2015 y llevan al menos desde noviembre en el mismo ligero descenso que tuvo atrapada a su economía desde el año 2000.

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Desde que el 29 de enero el gobernador del Banco Central de Japón, Kuroda, impactó con el anuncio de tipos de interés negativos para los nuevos depósitos de bancos en el Banco Central (poca cosa en realidad) todos los ojos están posados sobre el país. La realidad es que no ha parecido servir de mucho porque, tras un breve respiro, su bolsa ha retomado la trayectoria descendente de finales del año pasado. Eso sí, sus bonos a 10 años han pasado a dar interés negativo en el mercado. Es decir, en este momento prestarle a ese gobierno supone además pagarle, en vez de cobrarle interés. No parece mal negocio para un estado con una gigantesca deuda de más del  200% sobre PIB. Esto, sin embargo, refleja una “huida hacia la seguridad”, porque la bolsa está dando pocas alegrías y el dinero se refugia en los bonos del estado que se ven como libres de riesgo. Así que ahora hasta los más entusiastas defensores en su día de las “Abenomics” (básicamente imprimir dinero con un toque de gasto público) conceden ya que en Japón, seguimos como siempre.

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PIB negativo, bolsa cayendo y yen subiendo. Todo mal.

En EEUU tampoco están para tirar cohetes. Después de la ligerísima subida de tipos de la Reserva Federal de diciembre (no se habían atrevido a subir tipos desde 2006), la comparecencia de su presidenta ante el congreso estos días ha confirmado que no tiene mucho margen para seguir haciéndolo, sobre todo porque le están acusando de haber provocado el terrible inicio de año por ese intento de traer algo de normalidad a la gestión de la política monetaria.

Recordemos que aunque la Reserva Federal defiende que las cosas estaban mejorando porque el desempleo de EEUU está por debajo del 5%, su tasa de actividad está en mínimos históricos. Desde que comenzó la crisis, en EEUU la gente en edad de trabajar que de hecho se mantiene activa ha caído desde un máximo de 66,4% a un 62,7% actual. Casi un 5% de la población mayor de 16 años se ha salido del mercado laboral.

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Tasa de actividad de EEUU: % mayores de 16 años en activo

 

Y en los últimos días está ocurriendo algo preocupante: la curva de tipos se está nivelando: el interés que se paga por un bono del gobierno estadounidense (treasuries) a 2 años y por otro a 10 años (estos dos períodos suelen ser los más comparados) es parecido. Se supone que el interés de prestar a más largo plazo es superior, puesto que se asume un mayor riesgo de que por el camino ocurra algo que impida la devolución del dinero prestado. Cuando los tipos de interés de prestar a 10 años son iguales, o menores, que los de prestar a un período mucho mas corto, como 2 años, es un indicador muy relevante de que una crisis está a la vuelta de la esquina. Ahora mismo la diferencia está aún en torno a 1%, pero este nivel tan bajo, y el hecho de que la tendencia haya sido a igualarse en los últimos meses, resulta enormemente preocupante.

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Fuente: @MktOutperform

A los británicos les está ocurriendo exactamente lo mismo.

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Fuente: @ReutersJamie

Y en este ambiente de caras largas generalizadas llegamos a Europa. Aquí es donde las cosas se ponen feas de verdad. Un banco de proporciones descomunales como el Deutsche Bank está cayendo a plomo en bolsa. Sus seguros de impago (los CDS que tan famosos se hicieron en la crisis de 2007) suben como la espuma (es decir, mucha gente está apostando a que no podrá pagar alguna de sus deudas) y arrastrando consigo a los del gobierno alemán, demostrando que en Europa no se había logrado cortar el venenoso vínculo entre bancos y estados. El hecho de que las (potenciales) quiebras bancarias arrastrasen con ellas al abismo a los países donde tienen su sede los bancos fue el gran problema que se intentaba atajar con la cacareada pero inexistente unión bancaria europea que, recién instaurada su gran medida el 1 de enero de 2016 (el mecanismo único de liquidación ó BRRD), está quedando en evidencia a las primeras de cambio.

El martes 8 de febrero fue un día de pánico. Caídas en las bolsas, y sobre todo de los bancos, afectaron sobremanera al Deutsche Bank, cuyas acciones cayeron por debajo de su mínimo histórico (alcanzado en enero de 2009), y esto provocó una masiva huida de un nuevo instrumento financiero que el DB había emitido en enormes cantidades, los CoCos (no se rían, así es como se llaman). El valor de los CoCos bajó un 6% en un día (21% en una semana), también a mínimos históricos, cotizando a 70 céntimos por Euro, cuando en agosto aún estaban “a par”, es decir, que costaban el valor que representaban.

El furor mediático alrededor de estos instrumentos apunta a que los CoCos van a ser en 2016 lo que los CDS y sus derivados, los CDO, fueron a 2007. Ese raro artefacto financiero que permanecía en la oscuridad hasta que su explosión nos obliga a todos a bucear en las enfermas mentes de los especuladores y sus ideas de bombero.

En este caso hablamos de unos bonos de deuda “Contingentes Convertibles” (de ahí CoCos, hay que quererlos), que permiten al banco dejar de pagar en algún momento los intereses sobre ellos sin que se considere un impago y salten los seguros (aquellos CDS). Para ello, si se da una determinada condición predeterminada, como que el banco baje del nivel de ratio capital/activos, le está permitido no pagar el interés y convertir el bono (que es deuda) a acciones (que son capital), con lo cual baja su deuda y se incrementa su nivel de capital, supuestamente ayudando a que el ratio suba a niveles aceptables y, de paso, descargando su hoja de balance de parte de su deuda. De hecho se permite que cuenten como capital desde el primer día.

El DB en realidad nunca se recuperó del varapalo dado por toda la porquería subprime que había comprado hasta 2007, juicios por fraudes diversos le están provocando multas multimillonarias, y ha tenido pérdidas en 2016. Así pues se enfrenta a serios problemas para mantener el ratio adecuado de capital, y ha recurrido ampliamente a estos engendros. Al parecer tiene unos 4.600 millones de € en CoCos circulando.

A cambio del riesgo de que tu bono deje de serlo y te conviertas de la noche a la mañana en accionista de un banco en dificultades, el interés que ofrecían estos instrumentos era mucho mayor que el de la deuda normal: tanto como un 7% frente al 1% de la deuda más segura. Imaginemos que compramos un CoCo que da el 6% anual pero ahora por cada Euro que pagamos por él solo nos devolverían 70 céntimos. Hicimos mal negocio. Y claro, cuando los CoCos pasan de ser un atractivo instrumento de alto interés para convertirse en un bono ruinoso, que encima en cualquier momento se convierte en una acción más ruinosa todavía, pues se provoca una estampida como ya algunos avisaron en 2011.

El miércoles las acciones, los CoCos y los CDS del DB, y de hecho de todos los bancos  europeos, recuperaron parte del trecho perdido entre absurdos rumores de que el DB iba a comprar parte de su deuda (como si estuviera nadando en liquidez o le fuera a servir de algo), o que el Banco Central Europeo estaba considerando comprar acciones bancarias con la impresora de billetes esa que tiene echando humo. Seguramente lo único que ocurrió es que los inversores “a corto”, aquéllos que han apostado a que el DB iba a caer, estaban haciendo caja de sus pingües beneficios. Y tal como suele ocurrir en estos “rebotes de gato muerto”, el jueves 12 todo volvió a dejarse caer por la pendiente y los CoCos bajaron más allá de donde quedaron el miércoles.

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“El CoCo del DB al 6% baja de nuevo a mínimos y pierde lo ganado ayer y más”

¿Qué pasa a partir de aquí? DB se puede ir acercando peligrosamente a esos niveles de ratios de capital en los que se haga “saltar” los CoCos, lo cual seguramente sería un cataclismo. Para intervenir las autoridades tienen, según la directiva BRRD que entró en vigor en enero, prohibido rescatar bancos con dinero público. Deberían primero “bail-in” a los acreedores del banco. Es decir, los accionistas podrían perder su dinero, los acreedores que tienen bonos perderían según fuera necesitándose su dinero en orden de bonos menos a más seguros, y en última instancia hasta los depositantes perderían sus cuentas en el DB y recibirían a cambio lo que les corresponda de los fondos de garantía de depósitos ( 100.000 € en Alemania).

El fallo que todo el mundo le achaca al BRRD es que no fue acompañado de una unión bancaria real, donde todos aseguremos los depósitos de todos los bancos. Si los depositantes alemanes pierden su dinero, es su gobierno el que debe poner los 100.000€ por cada cliente. Esto es lo que hace que no tengamos una unión bancaria real, y que si el banco falla, los intereses sobre la deuda del país se vayan a las nubes porque se asume que el coste de esa garantía es ruinoso para su presupuesto.

Pero ya sabemos que las reglas en Europa, y sobre todo en lo que respecta a Alemania, son meras guías orientativas. Acordémonos de aquellos límites de déficit público del 3% del Tratado de Maastricht.

Esto tiene una pinta muy fea. Para aquéllos que habían comulgado con el fin de la crisis, se acerca una segunda recesión al menos en Europa, y según se gestione, puede que en otros mercados en situación débil. Los precedentes y la genialidad de los “gestores de lo público” europeos, y concretamente alemanes, no dan lugar a mucho optimismo. Pero dado que tanto DB como Europa arrastran problemas que vienen causados por el estallido subprime de 2007, sería más adecuado decir que seguimos intentando buscar un salida al fango en que nos hemos metido.

Los japoneses llevan así 25 años.