Un Congreso dividido abre condiciones de posibilidad.

Un Congreso dividido abre condiciones de posibilidad.

En las últimas semanas hemos asistido a un carrusel de declaraciones y amagos de conversaciones entre responsables de los partidos políticos para decidir si habría elecciones anticipadas o un acuerdo de gobierno. Aunque se quiere dar la impresión de que todo está abierto, en realidad las posiciones parecen estar repartidas con muy poco margen para la actuación. Resumiendo: PP y PSOE no quieren pactar con nadie a no ser que sean ellos, y no el contrario, los que gobiernen. Ciudadanos quiere pactar con cualquiera que le garantice su supervivencia, toda vez que sus espectativas, hinchadas por las encuestas de PRISA, han chocado con la realidad. Finalmente, Podemos sólo quiere pactar con PSOE, Izquierda Unida y Compromís. Éstas son las apariencias, y se asemejan a la realidad, pero sus declaraciones públicas no cuentan toda la verdad.

¿A qué juegan los partidos y cuáles son sus motivaciones reales para pactar un gobierno de coalición? A diferencia de otras columnas, que piden a diario unos u otros pactos de Gobierno, en Communia vamos a analizar las motivaciones de cada uno de los actores.

Los partidos del régimen y sus cuadros medios

Cuando hay elecciones muchos temen el paro.

Cuando hay elecciones muchos temen el paro.

Hay que entender que Partido Popular y Partido Socialista funcionan a menudo como agencias de colocación. No decimos esto de manera peyorativa, sino factual: tienen una gran cantidad de cuadros que han pasado, casi directamente, de estudiar o estar en paro a vivir del sueldo del partido o de las instituciones. Para ellos perder el Gobierno no supone sólo perder el poder, sino perder el sustento de algunos de sus cuadros medios que conspiran de puertas adentro por una u otra opción. Además, en el caso del Partido Popular es de esperar que haya acumulado varios cadáveres en el armario de la corrupción. Lo último que necesitan es que un nuevo Gobierno abra puertas y ventanas y empiecen a acusarse los unos a los otros para reducir las peticiones de condena de los fiscales. En ese sentido la presión a nivel interno para mantener cuotas de poder es enorme. Sin embargo, a nivel estratégico (sobre todo en el PSOE) no pueden permitirse aparecer ambos en la misma trinchera. Eso sería renunciar a presentarse como la alternativa del otro partido a ojos de los ciudadanos, perdiendo aún más apoyos hacia los partidos emergentes.

Horizontes de posibilidad

Podemos ha hecho un análisis certero cuando distingue entre tres salidas: unas elecciones anticipadas, un gobierno que lleve implícito o explícito una gran coalición PP-PSOE-Ciudadanos, o una coalición PSOE-Podemos-Compromís-IU con abstenciones, apoyos de grupos nacionalistas y dos huevos duros. El análisis de Podemos es certero porque los números dan sólo esas posibilidades, toda vez que Podemos y Ciudadanos se mantienen firmes en no pactar con el otro. Otra cosa es que la táctica de Podemos haya sido la deseable para maximizar sus posibilidades de éxito y las de las clases populares. Varios bandazos, la mayoría ignorados por la prensa, hacen pensar lo contrario. Pero para hablar de Podemos tendrán que esperar a nuestra segunda entrega.

Mariano Rajoy y la paciencia infinita

La táctica del PP ha pasado por dejar intentar pactar a Pedro Sánchez, toda vez que saben que Podemos y Ciudadanos no van a estar en el mismo pacto. Además, si se atreven a pactar con los nacionalistas el PP sacará a pasear “España se rompe: el regreso” que ya utilizaron contra Zapatero. Sin embargo esta vez puede tener más éxito de crítica y público toda vez que el Govern Catalán parece avanzar tímidamente hacia la independencia. Si Pedro Sánchez fracasa en conseguir apoyos, es de esperar que su partido fuerce su retirada y entonces el PP aprovechará el desconcierto para presionar hacia una abstención del PSOE. Si Pedro Sánchez triunfa (harto improbable sin el apoyo del PP) ya se encargarán de que sus medios afines empujen las contradicciones del pacto para hacer caer el Gobierno antes de la mitad de la legislatura. Es ‘susto o muerte’ para Pedro Sánchez y Rajoy lo sabe.

Mariano Rajoy y el arte de 'no hacer'.

Mariano Rajoy y el arte de ‘no hacer’.

Dadas las circunstancias, el tacticismo de Mariano Rajoy es acertado, pero implica dos problemas. En primer lugar para el país es un desastre que el partido más votado se tome la política como si fuera una partida de Risk en las que los ciudadanos son peones. Además, menosprecia las posibilidades de que los cuadros medios del régimen que ordeñan la teta del Estado con cargos intermedios, subvenciones y publicidad institucional en medios, intenten forzar la caída de Mariano Rajoy para conseguir una gran coalición que les permita mantener sus privilegios. Sabemos que Mariano Rajoy no cree que esto vaya a pasar. Sin embargo en el último programa de Salvados ya oímos a dos exministros ‘populares’ optar por esta opción. En ese sentido son especialmente reveladoras las declaraciones de Esperanza Aguirre en el programa de Jordi Évole. La dimisión de Aguirre como presidenta del PP de Madrid sólo puede entenderse como una presión a Rajoy y un intento de dignificación de su imagen pública de cara a reemplazarle en un futuro.

Pedro Sánchez, al filo de lo imposible

El objetivo fundamental de Pedro Sánchez es la supervivencia. No se escandalicen, todo actor político tiende a asegurar su supervivencia para asegurar que se ejecute su programa, especialmente si ni siquiera tiene uno claramente perfilado, como es el caso del PSOE de Sánchez. Su equipo tiene margen de acción, pero éste no está decidido por sus propios deseos, sino por como vayan reaccionando los demás actores políticos, dentro y fuera de su partido. Noventa escaños para una fuerza que tenía casi el doble hace cinco años dan para lo que dan. Ni siquiera su apoyo popular está representado por esos 90 escaños, a la vista de que tiene 21 sillones más que Podemos y las confluencias, con tan sólo 300.000 votos más. Por este motivo no puede permitirse comprometerse entre Podemos y Ciudadanos hasta que una de las dos opciones sea claramente la que le permita ser presidente. En cualquier caso, lo que queda claro es que la única salida que le permita sobrevivir a Pedro Sánchez es formar gobierno, aunque este gobierno dure un año. Que gobierne el PP o unas elecciones anticipadas suponen su salida de la primera línea de la política. Las elecciones, lo dicen las encuestas, sólo le deparan una sorpassokización.

Albert Rivera, ¿futuro vicepresidente?

Albert Rivera, ¿futuro vicepresidente?

Y sin embargo, ésa es la mejor carta de Sánchez: jugar a dos bandas para pedir a la otra que ofrezca más. Le salió bien a Nick Clegg que acabó como viceprimer ministro. Como hizo Clegg en Reino Unido durante las negociaciones para formar gobierno en 2010, Sánchez ha formado un equipo negociador que se reúne de manera regular con Ciudadanos (aunque el equipo de éste está comandado por el neoliberal Garicano) y que mantiene la puerta abierta a Podemos pero sin dejarles entrar. La película Coalition (2015) mostró la habilidad de Clegg para jugársela a laboristas y conservadores para garantizarse asientos en el gobierno conservador, mientras hacía pensar a los laboristas que se lo estaba pensando y jugaba esa carta para conseguir prebendas de Cameron. Queda claro que la opción que prefiere Sánchez es una alianza con Ciudadanos y la abstención del PP, toda vez que sólo se ha sentado a negociar con ellos. El que esto sea para tranquilizar a Susana Díaz o por convicción ideológica, es lo de menos. Y sin embargo, mantiene el tonteo con Podemos. PSOE y Ciudadanos no son suficientes para una investidura, toda vez que Rajoy está consiguiendo mantener al PP en el ‘no’ a Sánchez, mientras mantiene una oferta de vicepresidencia al PSOE en una Gran Coalición. El flirteo con Podemos tiene un doble papel: presionar a Ciudadanos y PP por un lado, y dejar sus opciones abiertas en caso de que el clima político en su partido vire en contra de la Gran Coalición. Merece la pena recordar la suerte de Clegg, que acabó dimitiendo tras perder las siguientes elecciones. Las condiciones de Sánchez no son las mismas, no tiene la posición subordinada que tenía Clegg respecto a Cameron, pero tendrá que jugar fuerte para mantenerse cuatro años en el poder.

Susana Díaz, presidenta de Andalucía

Susana Díaz, presidenta de Andalucía y eterna aspirante.

Merecen una mención especial los dirigentes en Andalucía y Extremadura del que muchos ya llaman el Partido del SudOeste Español. Es posible que Susana Díaz y su gente piensen que les vendrían bien unas elecciones anticipadas o un gobierno de Gran Coalición para quitarse de encima a Sánchez y poner a alguien más afín a sus intereses. Esto es así porque están acostumbrados a ganar las elecciones o ser la oposición pase lo que pase, pero para el PSOE al norte de Despeñaperros cualquiera de esas dos opciones supone una muerte a medio plazo, tanto por el peligro de sorpasso de Podemos como por el descoloramiento ideológico que supondría.

En la próxima entrega analizaremos las estrategias y motivaciones de los nuevos actores. Mientras tanto, pueden incluir sus puntos de vista en los comentarios. Se admiten apuestas sobre quién caerá antes, si Rajoy o Sánchez.