Trabajo Garantizado

Randall Way y los hermanos Garzón presentaron la traducción de Teoría Monetaria Moderna en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

Anteayer terminé de leer el Manual de teoría monetaria moderna (MMT por sus siglas en inglés) escrito por su, quizás, principal teórico: el profesor Randall Wray. Este Manual es una serie de más de 50 entradas en el blog “New Economic Perspectives” en las que el autor presenta lo que luego se convirtió en su libro Teoría Monetaria Moderna publicado hace un año en español.

LA MMT es una propuesta interesantísima, con un análisis básico muy acertado. No obstante veo ciertos problemas en su desarrollo y, sobre todo, en las políticas que Wray y los suyos derivan a partir de ella. En este aspecto es importante recordar que los hermanos Garzón están impulsando que Izquierda Unida adopte este marco para sus propuestas de política económica.

Wray y sus compañeros de la Universidad de Missouri-Kansas City (de donde el autor se retiró el año pasado) comenzaron a desarrollar esta teoría en los 90, y la tenían bastante pensada para cuando el estallido de la crisis de 2007 dejó tocada a la economía ortodoxa. Como resultado de ello y de las acertadas predicciones que los teóricos de la MMT hicieron sobre la crisis y el destino del Euro, la MMT está recibiendo creciente interés por parte de economistas y políticos por todo el mundo.

No es dinero todo lo que reluce

La teoría se origina en el “chartalismo”, que es una forma de analizar la economía partiendo de las identidades macroeconómicas básicas. Su base es una premisa que supone en sí misma un reto a toda la teoría económica neoclásica: el dinero no es una mercancía (como el oro) ni una mera evolución por comodidad a partir del trueque. Para la MMT, el dinero es una creación intrínsecamente ligada a la autoridad. Su único valor va asociado a la imposición que hace el estado de que esa, y no otra, es la forma en que deben pagarle los impuestos. Por mucha herejía que pueda resultarle a los economistas ortodoxos, o por extraño que nos suene, la verdad es que la realidad empírica les viene dando la razón, y en los primeros artículos del Manual Wray desgrana el por qué.

Las consecuencias que se derivan de este análisis hacen estallar la cabeza de uno si viene de estudiar la economía neoclásica. Dado que el dinero no es más que una creación estatal, la autoridad no necesita recaudar dinero para luego gastarlo. Al fin y al cabo es como decirle al propietario de una veta de oro que necesita comprar oro para pagar a sus empleados. Si eres el que produce el preciado metal, evidentemente no necesitas obtenerlo de nadie. De este modo desaparece la restricción presupuestaria de los gobiernos: pueden gastar todo el dinero que quieran en la economía simplemente imprimiéndolo, o más bien hoy en día dando a la tecla de “crear pasivos” en su sistema informático. El dinero es un pasivo del estado, pero no quiero complicarme aquí con los detalles de la contabilidad nacional.

¿Quiere eso decir que el estado puede simplemente gastar cuando quiera sin importarle recaudar impuestos? No, por dos principales razones (aunque Wray cita alguna más).

Restricciones en la MMT 

Primera: recordemos que la única forma que tiene el estado de obligar a que su dinero sea de aceptación general es obligar a que sea la única forma de pagar impuestos. Por tanto deben existir impuestos.

Segundo: aunque no exista restricción presupuestaria, el gobierno se enfrenta a otro tipo de problemas. Principalmente que, cuando gasta, genera demanda y eso corre riesgo de provocar perturbaciones económicas por dos vías principalmente: inflación y tipo de cambio respecto a otras monedas.

La inflación es un tema que en este momento histórico, con el mundo entero (y particularmente Europa) en modo deflacionario y un exceso brutal de capacidad no debe importarnos demasiado, así que dejaremos su discusión para otra década en que esto sea un problema.

El segundo, no obstante, sí es un problema importante, y aquí es donde las diferencias comienzan a aflorar. Wray y su gente minimizan bastante el problema del sector exterior. Sí, admiten que algunos países no tienen tanta flexibilidad para gastar porque con tu moneda, al fin y al cabo, solo puedes comprar cosas fabricadas dentro de tu país. Para comprar cosas hechas fuera, necesitas moneda del que te vende, para lo cual tienes que exportar. El problema es que a la inmensa mayoría de los países del mundo esto les supone un problema serio. Fuera de China casi todos necesitamos comprarles cosas a empresas chinas. Fuera de los países productores nuestra dependencia energética del petróleo hace que necesitemos dólares para comprar el oro negro. Y fuera del mundo industrializado, los países en desarrollo tienen problemas para ofrecer cosas que deseemos el resto y poder obtener así nuestras divisas con las que comprar lo que necesitan.

Japón puede esgrimirse como una clara demostración de la veracidad de la MMT. Con más de un 200% de deuda sobre el PIB, sus bonos siguen vendiéndose sin problema y cada vez a menor precio. Y los EEUU no vana  tener ningún problema colocando los suyos, que son los que todos queremos como divisa extranjera. Pero, como muestran Reinhart y Rrogoff (por poco que me gusten) en su libro en “Esta vez es distinto”, el nivel de deuda que pueden sostener los países varía enormemente. Algunos entran en impago a nada que su deuda roza el 40% del PIB, mientras que España a día de hoy sigue renqueando al 100% y para Japón, como ya hemos dicho, parece que el límite es el cielo. Wray reconoce esta limitación, pero se limita a sugerir que los países no deberían pedir prestado nunca en moneda extranjera (como si pudieran obtener combustible de otra manera) y que cuando implementen los programas sociales que él propone lo hagan a menor escala.

El asunto es que toda la teoría descansa sobre la base de que los países son emisores soberanos de moneda. Como ha argumentado Frances Coppola, un país no solo es monetariamente soberano solo porque emita su propia moneda. Coppola entiende que existen otras condiciones: un historial con pocos impagos, posición económica dominante, un banco central creíble, una moneda considerada “de reserva”, deuda en manos de sus propios ciudadanos y un gobierno estable.

Con los criterios de Coppola, nos quedamos con la MMT se convierte en una teoría aplicable solo a los mencionados Japón y EEUU, más los países europeos occidentales no atados por el Euro y un puñado más que podría resumirse en : Australia, Nueva Zelanda, Canadá, quizás Corea del Sur y Sudáfrica y poco más.

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Suiza celebrará en junio un referendum sobre la renta básica. En la imagen una acción de su grupo “Generación RB”.

Empleo garantizado y vuelta de la moral del trabajo

Más desafortunada se me antoja la conclusión de política económica que Wray saca de su teoría: el estado debe crear un programa de pleno empleo que garantice trabajo pagado con fondos públicos a todo el que lo desee. Este programa para mí tiene dos efectos muy beneficiosos: proporciona estabilidad macroeconómica al garantizar la demanda y, sobre todo, crea un salario mínimo efectivo (¡sin necesidad de legislarlo!) puesto que nadie trabajará en el sector privado por debajo de lo que pague el programa.

El problema, como siempre, es que no todo el mundo puede, ni necesariamente quiere, trabajar. Wray defiende que trabajar es “necesario para participar de forma plena en la sociedad” y que proporciona una variedad de beneficios como mayor salud psicológica, menor violencia de género, criminalidad y drogadicción. Y aquí ya entramos en el tufillo a moralina que suele salir de los defensores del trabajo: ¿seguro que estos son resultados de “tener un trabajo” y no de “tener el dinero que se consigue con un trabajo”? ¿La gente (principalmente mujeres) que cuidan de su hogar de forma no remunerada resulta que no “participan de forma plena en la sociedad”? Mal asunto. Sobre todo porque implica además suponer que si, por ejemplo, la ciudadanía tuviera una renta básica, se iba a quedar en casa sin hacer nada. Wray lo dice literalmente: un subsidio así “les forzaría a quedarse en casas sin hacer nada” lo cual se me antoja como una paternalista falta de fe en el resto de los seres humanos.

Al fin y al cabo, como también dice Coppola, esta es una disquisición entre quienes tienen un espíritu controlador y piensan que hay que decirle a la gente lo que debe de hacer y los más “liberales” , que defienden (defendemos) que si la gente tiene sus necesidades cubiertas encontrarán tareas útiles y productivas que hacer (como suelen venir haciendo las amas de casa de generaciones anteriores). Además seguimos con la duda de qué hacemos con esa gente que no trabaja y por tanto no puede ganarse el pan con el sudor de su frente.

Wray admite que el programa de trabajo garantizado debe ser un “añadido”, y que serían aún necesarias medidas para intervenir en sectores desfavorecidos. Asímismo admite la renta básica como una de esas medidas. Pero entonces ¿por qué esa inquina que muestra a veces con la renta básica? Wray caricaturiza, o directamente ignora, la propuesta de RB cuando dice que, por alguna razón, sería más inflacionaria que el programa de trabajo garantizado. O cuando dice que la defensa de la RB se basa en argumentos neoliberales como “eficiencia” mientras que su propuesta es, entre otras cosas, más “inclusiva”. ¿De verdad defiende que una RB que se le otorga al 100% de la población es poco inclusiva? Resulta incomprensible.

Realmente da la impresión que la MMT puede indistintamente dar lugar a una propuesta de política económica como la RB o el trabajo garantizado, y solo dependiendo de la creencia personal en si debemos obligar a la gente a trabajar para considerarles “parte activa” de la sociedad o no. El trabajo garantizado es una medida muy interesante para lograr objetivos como el pleno empleo (que todo el que quiera trabajar lo pueda hacer), estabilidad macroeconómica, o crear un suelo mínimo para el salario. Pero eliminar totalmente el miedo a no obtener los recursos básicos (se trabaje o no) se me antoja un objetivo algo más prioritario en el momento actual.

Y dado que, como hemos dicho, la MMT no es de aplicación en un país como España que estando dentro el Euro está muy lejos de tener soberanía monetaria, es aún menos comprensible el intento por los economistas de IU de enarbolar esta teoría y sus propuestas de política económica. Me gustaría que tanto ellos como los autores de la MMT reconocieran que su elección está basada en una filosofía de que el trabajo dignifica, y no que la escondieran bajo la muy neoliberal pretensión de que la teoría económica nos impone unas determinadas políticas.