Silver

El mundo político deslumbrado por un ludópata con ínfulas. Estupendo.

Tras la anterior entrada del lunes 4 de abril sobre las primarias demócratas estadounidenses, algunas personas han llamado mi atención sobre el último artículo que Nate Silver publicó sobre el tema en su página/blog. Silver se ganó una gran reputación cuando predijo resultados en 49 de los 50 estados de las primarias de 2008, y mucha gente confía en su criterio. El problema es que Silver es uno de estos analistas de nueva ola que lo basa todo en “datos” y esto nos provoca los problemas de siempre: que en los asuntos humanos muchas cosas no son cuantificables.

Además, este tipo de opinólogos suelen pecar de ego, y se niegan a asumir que los datos puedan resultar insuficientes. Por ejemplo, ya en agosto del año pasado uno de sus colaboradores descartaba a Sanders porque no tenía un número significativo de apoyos de lo que ya todos conocemos como superdelegados. Según sus propias palabras “ningún otro indicador ha sido tan consistentemente predictivo de quién se convierte en candidato”.

Cuando uno mira con lupa un poco el historial, sin embargo, la consistencia surge de analizar simplemente los ciclos de primarias en EEUU desde 1980. Alguien que maneja datos profesionalmente nunca osaría ir de perdonavidas por el mundo con n=12 (6 por cada partido). Y aún con muchos más datos, una persona que quiera estudiar con seriedad algo así se plantearía de qué sirven las experiencias de elecciones habidas en los últimos 35 años, en ninguna de las cuales el escenario era de una larga recesión como la que vivimos. Sólo un análisis que tenga en cuenta los cambios políticos que supusieron el crack bursátil de 1929 o las dos crisis petroleras de los 70 puede esperar entender la excepcional situación actual.

It´s the results, stupid

Y la prueba está en la salsa. Nate Silver hizo el más absoluto de los ridículos al descartar de salida a Bernie Sanders y Donald Trump para las primarias de este año. Una vez comenzado el proceso electoral, ha cosechado sonoros reveses al anunciar sin complejos que Sanders tenía un 1% de probabilidades de ganar Michigan el día antes de que ocurriera, o con estimaciones que ponían a Sanders 7-10% por detrás de Clinton en Utah hasta sólo 3 días antes de que la derrotara por un apabullante 59% de diferencia.

En Utah, como en Illinois, las encuestas salvaron un poco la cara a Silver con resultados sacados a última hora que se acercaban más a lo que luego ocurriría. Ya lo explicamos antes de Wisconsin.  Nate Silver dice que Sanders está detrás de Clinton en las encuestas en los cuatro grandes estados que aún quedan faltando 20 días para las primarias de Nueva York, el primero de ellos. Y dando credibilidad a ese dato está ignorando cómo su propio trabajo ha mostrado lo poco que las encuestas hechas más de 10 días antes de cada elección han funcionado esta vez.

Luego se lanza a explicarnos que, en caso de perder cualquiera de los grandes estados, Sanders tendrá que compensar ganando a lo grande, “por ejemplo California con dobles dígitos”. No Nate, Sanders tiene que ganar California con dobles dígitos sí o sí, porque no se puede esperar que gane todas y cada una de las elecciones que quedan. Pero en una carrera a dos, un 55%-45%, 10 de diferencia, ya son “dobles dígitos”. ¿De verdad eso es un resultado tan abultado? De las 17 victorias que ha cosechado Sanders hasta Wisconsin, 15 (sólo excepto Michigan y Oklahoma) han sido con dobles dígitos. Y no por un 10%, ese fue el caso aproximadamente en Wisconsin y Nebraska. En 12 de las elecciones Sanders ha obtenido más de 60%.

Poniéndolo en números para ver si los de los datos lo entienden: Sanders gana con dobles dígitos el 88% de sus victorias, y el 70% con enormes (“Yuge“) dobles dígitos de 20 o más. ¿Es eso lo que Silver considera “nada probable [not likely at all]”?

Demografía adivinatoria

Silver sigue declarando, y su amplificador Matthew Iglesias restregándonos, que sus números están basados en el estudio demográfico. Que su tabla de objeticos para Sanders asume que “los estados que faltan votan con los mismos patrones demográficos establecidos en los anteriores”. Lo que no dice es las que las suposiciones que está haciendo para ello apenas parecen variar acorde a los cambios que se están dando en las preferencias de los votantes. De hecho, la primera tabla de objetivos no podía estar basada en resultados porque se hizo antes de ninguna de las primarias, y en esta se ha limitado a variar algunos, no todos, los objetivos. No parece haber modificado sus posiciones sobre las preferencias demográficas de los votantes, a pesar de que Sanders obtuviera resultados mucho mayores que los que originalmente le atribuían en Hawai, el estado menos blanco de EEUU, y en general en todos los estados del Pacífico.

Da más la impresión que Silver y su equipo se sacan números de la manga y luego los opinólogos les otorgan la credibilidad sin molestarse en hacer ninguna comprobación. Lo que Matthew Iglesias llama “matemática de Silver” es más cercana a la adivinación. Pero a gente como él o Krugman les sirve para dar pátina de credibilidad a sus prejuicios. Como cuando escribe sin despeinarse que “a los demócratas latinos y negros les gusta Clinton”. Se resisten a adaptar una narrativa creada hace meses a la realidad que muestran la última encuesta a nivel nacional que da un 63% del voto latino a Sanders, o el “barómetro” que viene haciendo Reuters donde el voto negro+latino ya está igualado en su conjunto.

Berniepolls2016_Weekly

Siento los colores ilegibles, pero Reuters no parece dar opción de cambiarlos.

Lo que sí ha quedado claro en los patrones demográficos establecidos en los anteriores elecciones, es que Clinton nunca ha logrado superar el 60% fuera del Sur del país (con la honrosa excepción de Samoa). Las siete victorias que logró en estados de otras regiones han sido siempre por menos de 15%, y le dieron en total una ventaja frente a Sanders de 37 delegados (a la espera de lo que pase con el caucus de Nevada), más 4 en Samoa y las Marianas. Toda esa diferencia la compensó Sanders sólo con su victoria en el estado de Washington. Lo que nos dicen también es que Sanders viene obteniendo victorias por más del 20% en los estados del Pacífico, y que ha medida que avanza la campaña, sus números se incrementan en las encuestas.

Aunque no esté claro si Sanders puede lograr el 56,5% de delegados que necesita, lo que sí no cabe esperar es ninguna victoria sonada para Clintom. Así que solo puede esperar lograr muchos empates o casi-empates para que Sanders no le alcance. Se entiende perfectametne su nerviosismo.

Nuevo capítulo

Al poco de escribir los párrafos anteriores, el viernes 8 de abril 538.com publicó un nuevo artículo de “matemática Silver”, a cargo esta vez de David Wasserman, afirmando que aunque Sanders ganara en delegados, nunca debería esperar que los superdelegados le apoyasen porque, al fin y al cabo, el voto popular está con Clinton. Pero además de sacarse el nuevo argumento del “voto popular” de la manga, las cuentas de Wasserman tienen truco.

Primero, Wasserman intenta de nuevo dar por sentado que a Sanders “le va bien en los estados blancos y los caucus – no tanto en otros sitios”. Ya hemos visto como esto es una afirmación que ignora la evolución de los hechos en el último mes, al menos.

Después nos dice que Sanders suele obtener un 8% por encima de sus objetivos (recordemos, objetivos que no son más que números que se inventa Silver en base a sus prejuicios “demográficos”) en los caucus y un 8% menos en las elecciones primarias. Aplicando esos porcentajes a las elecciones que quedan por disputar, nos dice, Clinton acabaría aún con mayor ventaja en votos sobre Sanders, concretamente un millón y medio más. Pero esta cuenta de la vieja ignora que los estados donde Sanders perdía de forma abultada con Clinton han sido estados del Sur,  siempre con elecciones primarias y no caucus. Así que extrapolar la proporción caucus vs. primarias hacia el futuro cuando ya no le quedan estados del Sur a Clinton donde lucirse es ciertamente atrevido, y él mismo lo debe reconocer porque pasa a hacernos otras cuentas aúnmás complejas.

Para ello hace un cálculo un poco pillado por los pelos de los votos que sacaría Sanders si se cumpliesen los nuevos objetivos que le impone Silver y la participación en las eleciones que quedan continuase en la línea de las ya habidas. Una suposición que puede o no ser cierta, puesto que no tiene ninguna base más que la extensión del pasado hacia adelante. Y  acto seguido él mismo nos da la clave de su mayor trampa:

La participación media en estados que celebran primarias ha bajado del 20% al 14%. En los estados que celebran caucus, ha caído más modestamente, de 4,4% al 3,7%” respecto a 2008.

Ah, amigo. Resulta que la participación en los caucus es menos de una cuarta parte que en las primarias.

Como ya hemos explicado, Clinton vapuleó a Sanders en los estados del Sur, donde ella obtenía victorias de dos dígitos, y donde da la casualidad que no había ningún caucus. Así que el hecho de que Clinton tenga una amplia ventaja en votos no se debe a un mayor apoyo popular, como pretende el minion de Silver. Clinton lidera en votos sencillamente porque ella fue la “Reina del Sur”, donde ganaba por amplios márgenes en estados con abundante población y alta participación debida al formato de elección utilizado.

En un proceso con estados diversos haciendo elecciones muy diferentes entre sí (ni siquiera todos los caucus se resuelven igual), sumar los votos obtenidos en elecciones con distinto sistema es mezclar peras con manzanas. Si Wasserman quería hacer un análisis honesto, al menos debería haber calculado cuántos votos hubiera obtenido cada candidato en cada estado suponiendo igual participación en todos ellos. Es decir, ¿cuántos votos le hubieran dado a Clinton los estados del Sur con la misma victoria en porcentaje si la participación hubiera sido de un 3,7% como la de un caucus?

Ó ¿cuántos votos tendría Sandes si en los caucus hubiera obtenido las mismas victorias pero con un 14% de participación?

En cualquier caso el cálculo sería poco representativo porque el tipo de elección condiciona también quién gana y por cuánto. Seguramente Sanders hubiera sacado menos ventaja en primarias que en los caucus en algunos de esos estados. O quizás no, no podemos saberlo.

Dudo mucho que Wasserman o Silver no tengan la capacidad lógica para detectar estas falacias en las que caen de forma constante. Sin duda son unos chicos muy listos. Lo que sí me resulta más fácil de imaginar es que sus artículos reflejen los intereses de quienes les proporcionan financiación. Especialmente cuando algunos son ex-presidentes del Comité Nacional Demócrata metidos a lobistas de la industria farmacéutica.

Howard Dean stopped by the office for an exciting project coming in 2016…

A photo posted by FiveThirtyEight (@fivethirtyeight) on

Sorpresa.