Como la traducción del artículo de Coppola en el anterior post quedó muy larga, he dejado para esta nueva entrada hacer algunos comentarios propios sobre ella.

En primer lugar, la clave central que debemos asimilar es que vivimos en un mundo deflacionario, y quizás va  continuar así mucho tiempo. Es interesante que en este reciente vídeo donde Varoufakis defendía (que yo sepa por primera vez) la renta básica en un acto en Suiza, él dice exactamente lo mismo a partir del minuto 4:30.

El hecho es que durante ya seis años hemos atravesado una cínica transferencia masiva de riqueza (ingresos, valor) de la producción al sector financiero financiarizado, que continúa insolvente […]. El problema con esto es que ha creado dos cosas.
Primero, fuerzas deflacionarias: pregúntenle a cualquiera trabajando hoy en el Banco Central de Suiza, o en el Bundesbank, o el banco Central Europeo , o el Banco de Japón, o el Banco de Inglaterra, o la FED… No pueden dormir por las noches, debido a que la mitad de la economía mundial languidece ahora en territorio de intereses negativos.

Varoufakis, en línea con la temática de las jornadas en las que participaba, comentaba como la tecnificación de la economía que traerá los avances en inteligencia artificial, enquistarán esta deflación y harán necesaria una Renta Básica para proporcionar poder adquisitivo y generar consumo en una sociedad donde el trabajo humano será cada vez más innecesario.

Yo añadiría que estamos en una situación de extrema sobrecapacidad productiva, mucha de ella localizada en China. Por supuesto, algunos chalados venían avisando de esto desde hace muchos años, pero por si no nos quedaba claro, la ortodoxia y los de los datos no están ahí para avisarnos ni prevenir crisis.

Es por esto que cuando alguien, a izquierda o derecha, utiliza el argumento de la inflación para justificar cualquier argumento, debería hacernos saltar las alarmas de un argumento débil. Esto es por desgracia lo que me ocurrió con el reciente texto del escritor perteneciente a la Teoría Monetaria Moderna Bill Mitchell cuando defiende su propuesta de trabajo garantizado frente a la renta básica. El artículo de Mitchell tiene muchos aciertos, pero también puntos muy discutibles y un tono general de resabida superioridad que no incita a leer su recién traducido libro, con prólogo (por supuesto) de los hermanos Garzón, principales impulsores dela MMT en España.

La decepción de Coppola

El artículo que tradujimos de Coppola presentaba un razonamiento muy convincente de que la deflación está aquí para quedarse, y de cómo el envejecimiento poblacional requiere de adaptación de políticas económicas, no trompetas anunciando el apocalipsis.

Sin embargo hay un párrafo con el que necesito disentir, porque encierra toda la falsedad que nos intentan vender sobre la financiación de las pensiones. Es esto:

Al final, todas las pensiones tiene que pagarse con las ganancias de la gente joven, ya sea a través de impuestos y redistribución o a través de mayores ahorros para incrementar la proporción del capital en la renta (si esto no queda claro, recomiendo leer el artículo de John Eatwell).

Por desgracia Coppola cae en el típico asusta-viejas con que nos llevan años bombardeando. Y el artículo que recomienda no es sino una buena muestra del carácter propagandístico y deshonestidad con que se presenta el argumento.

En primer lugar, respecto a su argumento, Copppola sabe y está de acuerdo en que la deuda pública no es ningún monstruo que debe combatirse. Así pues sorprende que en el caso concreto de las pensiones no permita esa opción sino que sólo conciba la redistribución de ingresos existentes o el aumento del ingreso de la población jubilada a base de retornos sobre el capital. Esto último además no es aplicable en un sistema como el español, donde las pensiones no son un retornos obre ningún capital porque sus cantidades no guardan ningún tipo de equivalencia financiera con las aportaciones por cotizaciones. Y por supuesto no todos los ancianos tienen capitales en fondos privados de los que esperar intereses.

Respecto al artículo que enlaza, lo primero que se me viene a la mente es…

coppolat

Frances Coppola debate la Renta Básica junto al conocido antropólogo anarquista David Graeber y el músico Brian Eno

¿Es que nadie va a pensar en los niños?

El autor, John Eatwell, nos presenta un modelo macro en el que los jóvenes que trabajan deben asumir con sus singresos una creciente carga para sostener las pensiones, lo cual les obliga a consumir cada vez menos y ralentiza la economía. Pero el mismo autor al presentar el modelo nos explica (página 4) que:

En este modelo los pensionistas serán tratados como el único grupo dependiente de la población, dejando fuera a los jóvenes y los enfermos.

Y no dudo que las personas dependientes por motivos de salud sean estadísticamente una minoría que podemos obviar al presentar nuestro modelo macro, pero ¿la infancia? ¿Los niños y jóvenes sin edad de trabajar no comen, no visten, no suponen gastos médicos? Claramente los niños no reciben una pensión que podamos fácilmente cuantificar como coste para la población de su mantenimiento, pero la manutención de los ciudadanos menores de 16 años también la asume la misma población “en edad de trabajar” que mantiene a los ancianos. El dinero que gastan en sus hijos también es renta que esa población deja de usar en su propio consumo y ahorro.

Es más, a los niños también les transferimos una cantidad importante de riqueza vía impuestos con los que cubrimos su educación. Así que no, considerar a “los pensionistas como el único grupo dependiente” no está justificado, señor Eatwell, Aunque no cobren pensiones, al formalizar un modelo macro nos resulta indiferente si la manutención de un grupo demográfico se realiza por la vía de una transferencia económica (pensión) o directamente dentro de la familia. Para el grupo en “edad de trabajar” (y de nuevo, ignorando a todos los jóvenes que estudian mucho más allá de los 16 años en la sociedad actual) el coste es el mismo, sea en forma de impuestos o de poner un plato más a la mesa cada día (y transportarles a todas partes, garantizar sus revisiones médicas, dejarse un riñón en material escolar…).

No puedo creer que John Eatwell, del Queen’s College de la Universidad de Cambridge ignore una realidad tan evidente. Así que no puedo por menos que asumir que su artículo es una exhibición de la deshonestidad intelectual e impulso  de una agenda política con que se viene tratando sistemáticamente el tema de las pensiones. Y esperar que mi admirada Frances Coppola no haya pensado detenidamente sobre este extremo.

Máxime cuando al hablar de un proceso de envejecimiento poblacional con descenso de la natalidad, el dato de los menores dependientes no solo no es estático, sino que viene inversamente relacionado con el de los pensionistas. De hecho se va dando una sustitución paulatina de unos dependientes (menores y estudiantes adultos) por otros, los pensionistas, y nadie está estudiando hasta qué punto el resultado combinado de ambos procesos pueda ser neutro.

Si tomamos, por ejemplo, los datos del INE desde 2000 para España, mientras que la población de más de 65 años ha pasado de ser un 16,95% del total en 2000 a un 18,39% en 2015 (un 1,44% más) la población menor de 20 años (la tabla no permite partir en 16 años) ha disminuido de 21,1% a 19,68% (un 1,42% menos). Es decir que el aumento de los “dependientes” pensionistas va asociado de forma casi simétrica al descenso de los “dependientes” menores. El coste asociado a mantener a cada grupo poblacional puede ser diferente, pero sospechosamente nadie hace el cálculo cuando nos hablan de la “carga” de las pensiones sobre la población trabajadora.