Es bien conocido que hay una caída de ingresos y distribución de los medios de comunicación tradicionales. A menudo se habla de “crisis del periodismo” y se discute si hay una amenaza al periodismo y su supervivencia. El crecimiento del peso de la distribución en Internet implica una reducción de ingresos directos a la vez que supone la disminución del mercado de los grandes medios. Otras causas recientemente citadas son la caída de los ingresos de la publicidad por la crisis económica, o el uso de medios “no periodísticos” como puedan ser redes sociales o blogs que la ciudadanía usa para informarse.

Ante esta amenaza a la supervivencia de su status, la prensa hegemónica española ha optado por distintas vías para sobrevivir. La principal ha sido reducir gastos, eliminando puestos de trabajo. En los últimos años hemos visto EREs en las principales cabeceras (El País, El Mundo), amparadas por las reformas laborales de PP y PSOE en la última década. Otro método de financiación de medios de comunicación consiste en adjudicarse transferencias del Estado a través de la publicidad institucional: el Gobierno pone dinero de manera desproporcionada en cabeceras afines de baja circulación. Si no fuera por estas subvenciones encubiertas, sería difícil que sobrevivieran tantos periódicos conservadores.

La inestabilidad económica ha tenido otra consecuencia para el ejercicio del periodismo, más allá de su supervivencia: la desaparición del rigor y la mesura. El caso más paradigmático tiene lugar en el diario El País y por eso lo pondré como ejemplo. Aunque el problema es transversal a toda la prensa, es el diario de Prisa el que provoca el contraste más grande entre lo que fue y lo que es. Cuando tuvo lugar el ERE de Prisa, los periodistas se dieron cuenta de que si querían sobrevivir dentro del periódico (o de su oficio) tenían que combinar tres estrategias: publicar historias que pareciendo verídicas o factuales no lleven un gran trabajo de investigación análisis (abaratando por tanto la creación), atraer a muchos lectores al periódico y publicar historias que agradaran a su línea editorial. Analizaré con un ejemplo cada una de estas situaciones.

Periodismo de datos sin análisis

Al Gobierno le encanta amasar estatísticas. Recogen los datos, los suman, los elevan a la enésima potencia, toman la raíz cúbica y preparan gráficos maravillosos. Pero lo que no deben olvidar es que cada una de esas figuras viene, en última instancia, de lo recogido por alguien en cada pueblo, que pone en el papel lo que le da la real gana.

Josiah Stamp, citando una anécdota contada por Harold Cox, Some Economic Factors in Modern Life (1929), p. 258. (Traducción libre).

De unos años a esta parte se ha puesto de moda el llamado periodismo de datos, que contrasta con el clásico periodismo de investigación o con el análisis. No es sólo algo que nos encontremos en boca de Ana Pastor en El Objetivo. Han aparecido decenas de másters en periodismo de datos. El método consiste en elegir un tema, seleccionar unos datos, ponerlos en unos gráficos bonitos y extraer conclusiones impactantes. Eso sí, rara vez se mencionan de donde vienen esos datos, como han sido recogidos, o si hay otros datos que ofrezcan una visión crítica de las conclusiones que se quieren extraer. Más que nada, porque en ese caso las conclusiones serían, perdonen el juego de palabras, poco concluyentes.

Hace una década, la crítica habitual por parte del mundo científico al periodismo consistía en denunciar falta de rigor a la hora de citar datos. Esto incluía desde la clásica confusión de órdenes de magnitud, hasta citar estudios de universidades lejanas que relacionaban la aparición o prevención del cáncer con cualquier actividad cotidiana. Lamentablemente eso sigue pasando, seguramente por la falta de base científica entre los periodistas. Pero de un tiempo a esta parte hay una nueva amenaza. En varios medios de comunicación han aparecido académicos mediocres y/o precarios acostumbrados a utilizar de manera mecánica alguna herramienta estadística (a menudo el programa informático R) en su investigación.

En la universidad la revisión por pares (peer review) previene que se usen datos para hacer juicios apresurados. Pero en la redacción de un periódico un estudiante de economía, un doctorado en ingeniería o incluso un politólogo, no suelen tener a nadie que pueda mirar críticamente a su trabajo. Me vienen a la cabeza algunos miembros del colectivo Politikon. Es interesante ver como han acabado apareciendo de manera regular como expertos en muchos medios, a pesar de que sus carreras académicas no hayan progresado a la misma velocidad.

Recientemente podemos encontrar tremendas barbaridades en El País que encajan en este perfil. A pesar de tener a su disposición a Metroscopia, una de las empresas de estudios socilógicos con más recursos, el periódico de Cebrián contrató hace poco a Kiko Llaneras para escribir artículos de datos. Llaneras, antiguo profesor precario de ingeniería de la Universitat de Girona, se hizo popular gracias a sus gráficos para El Español.

Llaneras ha recogido datos de distintas encuestas, antaño para el digital de Pedro J. Ramírez y ahora para el El País. Utilizando sólamente el tamaño muestral hace un promedio de los mismos, estimando resultados. Compensa la falta de rigor analítico aumentando el márgen de error en las estimaciones de escaños. Esto da unas horquillas de posibles resultados que permiten un montón de combinaciones de gobierno. En la práctica supone que no es posible extraer ninguna conclusión de qué va a suceder. Su método no puede tener cuenta los sesgos o las cocinas, ni la técnica muestral de cada distinta encuesta, pero se arriesga a arrojar conclusiones de todos modos. Llaneras no usa más variables porque no están disponibles: las casas de encuestas no hacen públicos sus métodos. Tal vez por ello, un periódico responsable no aceptaría este tipo de estudios. El País lo hace porque los gráficos dan muchos clicks.

Más difícil todavía: periodismo de datos sin datos

Ante la falta de crítica aparente, este periodismo de datos sin análisis crítico se permite ir más allá. Hoy mismo El País publica el siguiente titular:

La crisis del PSOE impulsa el trasvase de votantes a Podemos y Ciudadanos

Titular de El País relacionando las posiciones del PSOE con un supuesto trasvase de votos a Podemos y Ciudadanos.

El artículo está firmado no sólo por Llaneras, sino también por los periodistas de El País que siguen a Podemos (Francesco Manetto) y Ciudadanos (Juan José Mateo). En el texto se analiza el efecto electoral que puede tener para el PSOE que hayan defenestrado a su líder, Pedro Sánchez, para darle el Gobierno al Partido Popular con una abstención. Si bien en el segundo párrafo del artículo dan a entender que los datos que usan para crear gráficos provienen de datos anteriores a las elecciones de 2015 (en ocasiones incluso a 2011), no tienen problema en sugerir una causalidad entre la caída de Sánchez (en Octubre) y una crecida de Podemos y Ciudadanos (con datos anteriores a Junio).

Que El País publique un artículo de estas características, es preocupante por la desinformación que puede generar en el lector medio. La preocupación aumenta al detectar que no es un caso aislado: al menos cuatro personas de la redacción (los tres firmantes y el jefe de redacción) han decidido que es una buena idea publicar un artículo de estas características.

Además, no debería ser muy difícil para El País hacer una encuesta ha pasado una semana desde que el Comité Federal se cargara a Sánchez. Cuando el propio Sánchez destituyó al secretario general del PSOE en Madrid, Tomás Gómez, El País tuvo a bien publicar una encuesta realizada a las pocas horas de la destitución. En la misma se mostraba el supuesto apoyo del electorado madrileño a la decisión. Si se hace tal encuesta para defenestrar a un secretario regional, ¿no tiene sentido hacerla para el líder de la oposición? Si lo importante es publicar conclusiones, respaldadas por datos o no, y se pueden publicar gráficos a coste cero, obviamente nos ahorramos la encuesta.

El ahorro en recursos también se ha extendido al periodismo de investigación. Desde la aparición de Wikileaks parece que todo el periodismo de investigación se basa en el filtrado de documentos. El periodista ya no necesita viajar y entrevistar a mucha gente. Se sienta en su despacho y espera a que le caiga un documento filtrado que plasma directamente en papel. A menudo eso da lugar a un análisis pobre de la relevancia del mismo.

Recuerden el escándalo de las tarjetas black. En diciembre de 2013, eldiario.es publicó la primera noticia al respecto a raíz de documentos filtrados desde el portal filtrala.org. Sin embargo no fue hasta diez meses después que el caso tomó relevancia pública y eldiario.es (y el resto) empezaron a publicar al respecto, a raíz de una investigación abierta por la Fiscalía. En estos momentos es uno de los escándalos mayores de nuestro país. Cabe preguntarse por qué eldiario.es no investigó más, teniendo en cuenta que era su exclusiva. Seguramente sus recursos no sean los del ministerio fiscal.

Clickbait: el contenido de este artículo te sorprenderá

Una las supuestas ventajas que aporta Internet a los directivos de medios de comunicación es que los servidores les permiten medir qué noticias se leen más y cuáles atraen o mantienen a nuevos lectores. Esto es un alma de doble filo: permite identificar que artículos atraen más atención, cierto. Pero puede ser que los lectores que vengan no estén interesados en leer prensa, sino Buzzfeed. Cuando un directivo prioriza este tipo de artículos sobre periodismo de investigación a lo mejor ya no dirige un periódico, sino Vice.

La mejor manera de atraer clicks es escribir titulares sensacionalistas o que escandalicen. Esto no consiste sólo publicar noticias chorras en medios generalistas, sino también tratar temas serios con poco rigor y mucho escándalo. La siguiente noticia de El País comparaba el (preocupante pero legal) vuelo de un bombardero ruso con la guerra fría.

 

Titular y apertura de noticia de El País sobre el vuelo de un avión ruso por el mar Cantábrico.

Titular y apertura de noticia de El País sobre el vuelo de un avión ruso por el mar Cantábrico.

Recordemos que la guerra fría fue un orden mundial de enfrentamiento bipolar con una amenaza constante de apocalipsis nuclear. Esto tiene poco que ver con la multipolaridad geopolítica del siglo XXI. Sin embargo si el titular hubiera sido “Dos bombarderos rusos vuelan en aguas internacinales del Cantábrico”, habría muchos menos clicks. Como consecuencia el periodista de turno tendría mucho más difícil defender cuantitativamente (y aquí volvemos a los dichosos datos acríticos) la importancia de su trabajo cuando se decidan despidos en el próximo ERE.

Sin democracia no hay periodismo

Quizá recuerden la última polémica entre Pablo Iglesias y el gremio periodístico. En un acto universitario en Abril Pablo Iglesias mencionó a Álvaro Carvajal, periodista de El Mundo, para explicar la relación de atracción-repulsión entre los periodistas y Podemos. En su intervención Iglesias explicaba que para progresar profesionalmente los periodistas necesitan publicar titulares que ataquen a políticos que la línea editorial de su medio identifica como enemigos. Un grupo de periodistas que asistía al acto consideró que las declaraciones de Iglesias eran un ataque a la libertad de prensa y después de condenarlo públicamente abandonaron la sala en protesta.

Pueden ver el acto completo aquí. El fragmento relevante es este:

Las declaraciones crearon un gran revuelo. La Asociación de Prensa de Madrid publicó un comunicado “condenando los ataques” a Carvajal y a “la profesión en general”. El Mundo publicó la noticia como si de un artículo de opinión se tratase, abriendo su edición del día con el siguiente titular:

Pablo Iglesias ataca a un periodista de EL MUNDO en una conferencia

Titular de El Mundo sobre las declaraciones de Pablo Iglesias.

Se daba la ironía de que Unidad Editorial, empresa dueña de El Mundo, estaba en el proceso de despedir con un ERE a 224 empleados, 91 de ellos de El Mundo. Ningún medio abrió su portada con el ERE, ni se escribió ningún editorial considerándolo un ataque de la libertad de expresión. Es más, la propia Asociación de Prensa de Madrid (APM), que había sido tan crítica con Iglesias tardó cuatro días en publicar un comunicado al respecto, que no fue de “condena”, sino de “rechazo”. Si la APM publicó ese comunicado no fue por el ERE en sí, sino por las críticas que recibió por parte de los internautas por condenar las declaraciones de Iglesias sin haber hecho mención al ya existente ERE.

La verdadera amenaza al periodismo

Así las cosas, parece que la defensa corporativista de la libertad de prensa por parte de los periodistas tiene sólo tiene lugar cuando reciben una crítica pública a su labor. En ese caso la crítica se ve cuestionada como un ataque a su independencia. A menudo se hace apelación al manido dicho “sin periodismo no hay democracia”, sin entender que la crítica a los periodistas también es democracia.

Sin embargo, a la hora de defender sus condiciones laborales (el ataque no ya a un periodista, sino a 221) no parece provocar la solidaridad del gremio. Es más, la solución a su supervivencia es generalmente individual: como colocar un titular impactante, como conseguir muchas visitas a mi noticia, como hacerme necesario en un ambiente laboral cruel y despiadado. Mientras no se entienda que la mayor amenaza a la libertad de prensa es la falta de control de la empresa por parte de trabajadores y trabajadoras seguiremos sin tener periodismo y, por tanto, democracia.

Aclaración: Kiko Llaneras es profesor (tenure track) en excedencia, como figura en su CV. Al escribir “antiguo profesor” quiero decir que no ejerce en la actualidad como tal. Generalmente entiendo una posición tenure track como precaria debido a que no se vuelve indefinida hasta que han pasado unos años (normalmente entre tres y seis) desde la contratación y después de una evaluación positiva del candidato por parte del departamento y la universidad. Todo ello suponiendo que haya fondos disponibles/autorización de la autoridad competente para hacer la posición permanente.