La combinación de crisis y redes sociales ha puesto de manifiesto, de manera tímida, la problemática de la migración española. Pese a lo que pueda parecer, la migración masiva de ciudadanas y ciudadanos del Estado español al extranjero como culpa de la crisis no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, gracias a las redes sociales y los nuevos medios de comunicación transoceánica, en esta ocasión este problema se habla en la calle, no en algún departamento de alguna universidad extranjera.

La representacion política de la emigración.

La migración de origen español es diversa y muy diferente de las migraciones de otros países o de otras épocas de nuestra historia: los ciudadanos españoles del siglo XXI no migran en familias o siguiendo a amigos, ni se integran en una comunidad asentada al llegar. No tienen casas del pueblo con migrantes llegados en años recientes que consideren propias y lugares naturales a los que dirigirse. Marea Granate es la única organización política de migrantes del estado español que funciona en varios países. Aunque tiene un valor y trabajo excepcional como movimiento social de la migración de nuevo cuño, y a pesar de la falta de referentes de previos, no llega a ser una referencia universal a la hora de buscar el apoyo de otros migrantes españoles como pueda haber sido la PAH en el ámbito de la vivienda.

La falta de una organización potente y articulada es natural como consecuencia de la heterogeneidad de la migración. Los migrantes tienen problemas y necesidades diversas, más variadas que las de la propia sociedad española. En efecto, además de la diversidad de proceder de distintos sectores sociales ven añadida la condición de vivir inmersos en países distintos, con distintos sistemas legales y culturales. Los problemas comunes, aquellos que se centran en su relación cultural, política y de derechos con España no son satisfechos por el Estado. La vasta y bien financiada red exterior tiene un potencial infrautilizado en comparación con países más modestos como Croacia que tienen una migración más articulada y una red de consulados que funciona más como un servicio y menos como una estructura de acceso a poder, financiación e influencia.

Podemos ante la emigración española

Es curioso, que los migrantes (al menos aquellos que votan) encuentran que Podemos es la fuerza que más los representa, con un apoyo abrumador en las dos últimas elecciones generales. Esta identificación no se debe tanto a las acciones de Podemos, que al no gobernar no puede influir en los servicios que reciben, sino al discurso, que se dirige a ellos en cuanto tiene ocasión. Sin embargo, el discurso tiene unos límites. La inmigración no tiene ninguna condición material intrínseca que determine el apoyo a una fuerza progresista. Poníamos antes el ejemplo de Croacia: su diáspora es mayormente conservadora y vota a una fuerza política a la derecha del gobierno conservador. Esto es debido a la implantación cultural de las fuerzas conservadoras entre la diáspora en los países de la antigua Yugoslavia. En el momento que una fuerza política española decida insertarse entre los migrantes más allá del discurso (por ejemplo, financiando casas culturales en el extranjero que capten voto conservador, como sucedía en los 90) la hegemonía de Podemos entre la diápsora puede cambiar.

Los círculos de Podemos Exterior son la estructura de la diáspora con mayor implantación.

Los círculos de Podemos Exterior son la estructura de la diáspora con mayor implantación.

EmigranTV, una televisión comunitaria por y para emigrantes.

EmigranTV, una televisión comunitaria por y para emigrantes.

Para afianzar lo ganado hasta ahora Podemos tiene que consolidarse como la opción política de referencia en el territorio. Eso incluye empezar a dar soluciones concretas, fuera del Estado,  a los problemas que éste no cubre, sin ser asistencialistas.  Podemos es una herramienta con más posibilidades de transformación y coordinación en el exterior que movimientos sociales como Marea Granate. De entrada cuenta con un presupuesto y representantes en el Parlamento. Muchos de sus cuadros medios viajan como parte de su tarea política y sirven como cadena de transmisión y coordinación, dando visibilidad a un discurso que la militancia de base tiene más dificultades para transmitir. Podemos Exterior cuenta además con una estructura legal, recursos mancomunados, presencia garantizada en los medios de comunicación, reconocimiento legal implícito en los consulados y, el apoyo de una organización mayor con sede en España. En las dos últimas elecciones generales  pudimos ver una pequeña muestra de la influencia que puede llegar a tener en el Estado un militante de la tercera fuerza política nacional. En Diciembre de 2015 los consulados, por orden del Estado debían abrir varios días hasta las ocho de la tarde para permitir el voto. El cónsul de Shanghai decidió cerrar dos horas antes, como presumimos había hecho siempre. A pesar de hacer saber al consulado que dificultaba el voto respecto a otros consulados, decidieron mantenerse en sus trece. Un representante de Podemos en Madrid puso una queja a la Junta Electoral Central (JEC) y en menos de 12 horas el consulado pasó a abrir lo estipulado por la JEC. Esto hubiera sido mucho más complicado desde un movimiento social como Marea Granate, sin una infraestructura sólida de abogados y representantes oficiales que pueda presionar al Estado. Por otro lado a la hora de ejercer protestas Marea Granate puede contar con más libertad e independencia frente a otras demandas y a la presión en medios de comunicación. Ambas estrategias y enfoques son por tanto complementarios.

Podemos Exterior y la necesidad de un Consejo Ciudadano Exterior

Desafortunadamente el potencial que tiene Podemos como herramienta transformadora de la emigración, en este momento está infrautilizado. Esto se debe principalmente a dos problemas. El primero es la falta de reflexión colectiva, requisito indispensable para tener una acción política dirigida. Más allá del tímido foro exterior en París de verano de 2015 no ha habido una discusión concreta de qué líneas maestras podemos tomar y qué prioridades. Y el foro de París, tal vez por ser el primero, estuvo más centrado en dar voz a movimientos sociales y círculos y describir la situación de la emigración que en trazar necesidades estratégicas. Afortunadamente a finales de este mes hay otro foro exterior organizado en Madrid, aprovechando la vuelta a casa por Navidad. En este foro debe cristalizar un debate sobre qué nueva estructura queremos y qué necesidades debe cubrir, de cara a la próxima Asamblea Ciudadana.

Círculos de Podemos en el extranjero

Círculos de Podemos en el extranjero

El segundo problema de Podemos Exterior a la hora de articular una herramienta transformadora es una falta de recursos humanos estables y de organización: la estructura en el exterior cuenta como activos principales con una liberada y una representante no liberada que a pesar de su esfuerzo numantino no puede dar abasto por si sola organizando a varios millares de inscritos y representando a más de dos millones de españoles (la población de una comunidad autónoma mediana, que contaría con un Consejo Ciudadano de varias personas). El resto de la organización está cubierto por voluntarias y voluntarios (notablemente son sobre todo mujeres). La precariedad intrínseca de la emigración hace que los voluntarios a veces se descuelguen cuando no dan más de sí y que los grupos funcionen de manera informal. Afortunadamente la desaparición de efectivos no pasa de manera regular: hay equipos que funcionan muy bien en áreas como voto, redes sociales o argumentario. Sin embargo, a menudo su labor es desconocida entre la propia militancia de base. En círculos más alejados de las grandes urbes europeas se da a veces la sensación de que la organización está desconectada de los círculos en el exterior, o que el discurso les representa menos. Lo cual no deja de ser paradójico: es en la estructura exterior donde hay más cohesión y donde no hay guerras de familias políticas. Esta desconexión se debe a la falta de medios por parte de la estructura exterior (por ejemplo visitando a círculos en América del Norte y del Sur debido al coste y al tiempo necesario de hacerlo desde Europa) y a la dificultad de centrar en una sola persona la representación de una población y una militancia tan diversa.

Una solución natural a estos problemas es aumentar el carácter político y  organizativo de Podemos Exterior, imitando lo que funciona en otros territorios y reflejando la representación política que llevamos en nuestro programa para la diáspora. La decisión de tener una representante por los inscritos en el exterior en el Consejo Ciudadano fue una improvisación, resultado de una transacción de documentos a la carrera durante la primera Asamblea Ciudadana, pocos días antes de votar los documentos. Se hace patente que no es posible representar a una población mayor que la de la de Aragón en una sola persona, más y cuando hablamos de ciudadanía española, pero que vive en países diferentes. Tampoco podemos esperar que esta persona asuma de manera diligente todas las labores que se espera de una secretaria general territorial sin dotarla de un equipo adecuado, representativo, transparente, visible y articulado a su alrededor. Proponemos por tanto un Consejo Ciudadano Exterior (CCEx) cuyos consejeros sean elegidos por los inscritos e inscritas en el exterior. Para distribuirse el trabajo y los husos horarios que permitan una representación efectiva, el número de representantes del CCEx debe ser distribuido por áreas geográficas –Europa, América del Sur, América del Norte y Central, África y Asia y Oceanía–, con un mínimo y un máximo de representantes, en función de los inscritos en cada territorio. La representante por el exterior en el Consejo Ciudadano Estatal participaría también en este Consejo y propondrían una ejecutiva de los inscritos por el exterior al CCEx con áreas bien definidas, que éste debe refrendar.

Organización emigrante fuera del Estado

Ninguna estructura organizativa, por óptima que sea, será capaz por si sola de dar solución a los problemas que sufrimos los migrantes. En este tiempo pre-asambleario se ha hablado mucho por parte de todas las corrientes de la necesidad de estar en la calle y con los movimientos sociales (en el caso de la diáspora quizá incluso deberíamos hablar de  ser movimiento social). Esto tiene que cristalizar ya, no en los próximos años, en algo más que charlas, debates y talleres.

¿Realmente lo mejor que puede ofrecer España son tunos en un Starbucks de Nueva York?

¿Realmente lo mejor que puede ofrecer España son tunos en un Starbucks de Nueva York?

Es preciso construir organización en acciones concretas que amplíen no ya nuestra base social, sino nuestra base militante y, como resultado, la organización de la emigración. Es necesario abrir moradas –sea con ese u otro nombre– que sirvan de lugar de reunión no sólo para los círculos, sino para la emigración en general, y como espacio desde el que se construya pueblo. Casi todos los países con diásporas significativas (italiana, francesa, americana, rusa, griega, alemana, polaca…) cuentan con locales donde tienen lugar actividades que construyen pueblo más allá de ver juntos un partido de fútbol. Este construir pueblo en lo cotidiano se concreta en actividades muy diversas: desde ciclos de cine o de arte, pasando por clases de lengua y de cultura e historia nacional a los hijos de la diáspora en fines de semana, salidas familiares o incluso nocturnas… Esto sucede en espacios de todo tipo: desde asociaciones culturales nacionales (por ejemplo en el caso de Italia) o incluso parroquias (pienso en el caso de las diásporas polacas y griegas). No es que la diáspora española no haya creado espacios así en el pasado. Muchos conocemos locales como la Casa Galicia, la Casa Asturias o incluso la Casa España, creados entre los sesenta y setenta. Sin embargo estos suelen funcionar de manera opaca y poco horizontal, alejados de los centros sociales autogestionados que han nacido en España a lo largo del siglo XXI. Las ‘casas’ de la diáspora española son lugares –me duele decirlo– que a menudo despiden un tufo algo rancio y desde luego despolitizado, que en ocasiones han funcionado como correa de transmisión de la corrupción política en el exterior de los partidos mayoritarios, especialmente a lo que captación de voto emigrado se refiere. Necesitamos espacios horizontales y autogestionados que fomenten el que afloren redes de apoyo mutuo e iniciativas que den solución a problemas concretos de la diáspora. Pienso por ejemplo en los problemas derivados de cuidar hijas e hijos sin un soporte familiar ni estatal con unos ingresos más bajos que los de la población media (un problema terrible en EE.UU. donde la falta de baja por maternidad y el alto precio de las guarderías empuja a las mujeres migrantes fuera del mercado laboral). Redes de ayuda mutua como Mamis en Movimiento en Berlín podrían encontrar en estos espacios un lugar natural para crecer. Experiencias de asesoría legal a trabajadores precarios como la Oficina Precaria también encontrarían un lugar natural en el que desarrollarse.

Gustavo de Arístegui, ex-embajador y político del Partido Popular imputado por cobrar comisiones ilegales a cambio de trabajos de intermediación para que empresas españolas obtuvieran contratos en el exterior.Gustavo de Arístegui, ex-embajador y político del Partido Popular imputado por cobrar comisiones ilegales a cambio de trabajos de intermediación para que empresas españolas obtuvieran contratos en el exterior. Fuente: Wikipedia.

Gustavo de Arístegui, ex-embajador y político del Partido Popular imputado por cobrar comisiones ilegales a cambio de trabajos de intermediación para que empresas españolas obtuvieran contratos en el exterior. Fuente: Wikipedia.

Además, estos centros serían lugares naturales de creación de una cultura migrante del estado español que en este momento no existe más allá del folklore tardofranquista cutre (e.g. tuna de España en Nueva York) o de las organizadas por el servicio exterior que a menudo sirven para pagar viajes a amigos de los agregados culturales de las embajadas.

 

Para que esta red de moradas sea exitosa se hace preciso poner los objetivos por encima de nombres e identidades. Es preciso conseguir una confluencia de militancias que se reflejan en distintas formaciones de las distintas naciones del estado, o que se encuentran huérfanas de una. En la práctica nuestra organización debe ser permeable a compartir siglas, símbolos y espacios con otras organizaciones que compartan nuestros objetivos, o incluso a reducir la visibilidad de nuestros símbolos. Además, la adaptabilidad no puede ser uniforme, sino que dependerá de la situación en cada ciudad o territorio.

Por último, es preciso entender que toda organización en el exterior fuera del Estado es un parche, pero que las mejoras y los progresos sólo se hacen irreversibles cuando se institucionalizan. Lamentablemente la ley electoral no permite que expresemos esa fuerza y la Gran Coalición Tripartita no tiene en mente cambiarla para que recuperemos nuestro derecho constitucional al voto, permitiendo este status quo. La única manera que tenemos de influir en el cambio del voto es conmover la solidaridad de aquellos que nos son más cercanos: madres, padres, familiares, amigas de migrantes, dado que quien más y quien menos ya tiene una emigrante en su círculo afectivo. Esta solidaridad debe transformarse no sólo en una demanda articulada, sino de un voto de cambio influenciado por dicha solidaridad. Esto tiene que hacerse de manera masiva. No basta con contárselo a amigos y compañeras. Hace falta que los medios de comunicación incluyan secciones sobre migración de manera regular y realizados por migrantes. El experimento de EmigranTV que partió de un grupo de emigrantes españoles en EE.UU. no consiguió progresar adecuadamente por la falta de estructura y sería adecuado darle continuidad, quizá asociado a uno de los nuevos medios como Saltamos.net. Cualquier organización y demanda del exterior tiene que ser conocida y reconocida de manera masiva por la población española, hasta el punto de que la hagan suya.

Hace falta también contar la corrupción. Allá donde no hay ojos mirando, hay corrupción y nadie está pendiente de la corrupción en el seno de las instituciones del Estado en el exterior. Las comisiones ilegales de Arístegui y Gómez de la Serna en el servicio exterior sólo son la punta del iceberg de una situación generalizada y oculta.

Por todos estos motivos, hoy más que nunca se hace necesario que recordemos la frase de Gramsci “Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”.