Decíamos el otro día que el el (más bien desafortunado) intento de Eduardo Garzón de epatar en Twitter emulando a su hermano introducía, por otro lado, un debate muy interesante. Las teorías llamadas “endógenas” sobre lo que es y, sobre todo, cómo se crea el dinero están ganando una gran tracción desde que la Gran Recesión ha dejado a la economía neoclásica tocada de muerte.

En realidad todo esto ya lo habían contado estos dos.

Desde al menos el trinufo del marginalismo a  finales del S. XIX, la ortodoxia ha venido entendiendo el dinero como un mero intermediario en la economía creado por el banco central y “multiplicado” por los bancos privados. Según esta teoría llamada loanable funds (fondos prestables), los bancos prestan el dinero que los ciudadanos les encomendamos. La multiplicación viene porque la persona que recibe el préstamo vuelve a depositarlo en el banco, que vuelve a prestarlo, y así ad infinitum. Según esta versión, como el estado obliga a los bancos a aparcar una parte de ese depósito como reservas en el banco central, en cada nueva vuelta de tuerca queda menos dinero para prestar, de forma que el multiplicador no es infinito sino que está limitado por ley.

Esta explicación está íntimamente relacionada con la teoría cuantitativa del dinero (TCD): la idea de que la inflación depende de la cantidad de dinero en la economía (creada por el banco central y multiplicada, con límites, por los bancos comerciales, recordemos) y de otros factores como el incremento del PIB y la “velocidad de circulación del dinero”, sobre los cuales las autoridades tienen poco poder, al menos a corto plazo. Sin embargo la TCD ha sido la gran víctima de la crisis de 2008. Los bancos centrales de los países desarrollados están emitiendo más moneda que nunca, pero la inflación no está llegando ni a sus objetivos habituales de un 2% estable. Y por ello, cada vez más gente está buscando respuestas en las explicaciones heterodoxas, en este caso las post-keynesianas, que llevaban tiempo estudiando el dinero en oscuras revistas académicas.

El debate entre ellas está cada vez más vivo y existen desacuerdos sobre aspectos variados, especialmente entre la Teoría Monetaria Moderna (TMM) que defienden los hermanos Garzón y las visiones de otros post-keynesianos, así que para iniciar el debate trataré de resumir los puntos de acuerdo básicos comunes a las diversas teorías endógenas del dinero.

En general se parte de lo que de forma simplificada podríamos resumir en: un banco no mira cuánto dinero tiene a la hora de prestar, sino que simplemente crea dinero de la nada haciendo un apunte (depósito) en la cuenta del acreedor cuando encuentra un préstamo que le interesa hacer. Es decir, contra la teoría convencional, los bancos no se limitan a multiplicar el dinero que el banco central ha creado (mediante intervención exógena), sino que el dinero se crea dentro del circuito económico (endógenamente) por los bancos en respuesta a necesidad (demanda) de crédito en la economía. Y ésa es la única limitación a  cuánto pueden generar.

Aunque esta explicación existe desde Keynes, y se lleva debatiendo décadas entre los post-keynesianos, ha sido de forma relativamente reciente que se han llevado a cabo ejercicios empíricos para apoyarla, como los de Richard Werner,  y que ha comenzado a tener impacto incluso entre instituciones que venían siendo baluartes de la teoría neoclásica, como los bancos centrales.

Una vez queda aceptada la teoría endógena del dinero, se siguen de ella consecuencias muy interesantes. El banco central no crea dinero, sino que acomoda la necesidad de reservas que genera la actividad de los bancos comerciales. El gobierno sí crea dinero: cuando gasta está inyectando moneda en la economía, pero su contribución es pequeña. La inmensa mayor parte del circulante (97% según el banco central noruego en el enlace que proporciona Steve Keen en el tuit sobre estas líneas) es creada por la actividad crediticia de los bancos comerciales.

Así que nos encontramos que cuando los bancos conceden préstamos o el gobierno gasta, están creando dinero, mientras que cuando los préstamos se devuelven o el gobierno se financia (ya sea cobrando impuestos o vendiendo deuda pública) destruyen el dinero creado. Esta explicación refuerza aquélla locura que lancé en mi primera entrada aquí en Communia ¿recuerdan? Las contribuciones a la Seguridad Social no dejan de ser más que un tipo de impuesto (en la visión post-keynesiana, una forma de destruir dinero) y la idea de que las pensiones se financian con esos ingresos en concreto del sistema público es un mero artificio contable.

Estas dos formas de crear dinero, mediante créditos bancarios o la emisión de deuda pública, son las que llevan a la expresión que alguna gente bastante catastrofista ha puesto en boga los últimos años de que “todo el dinero es deuda”. Sin embargo, esta forma de expresarlo es tramposa. Primero porque confunde la forma de creación del dinero (emisión de deuda) con cuánto y cómo queda este dinero en la economía a posteriori.

Técnicamente la expresión es cierta: el dinero siempre supone una obligación para el estado que debe aceptarlo como pago de impuestos o a cambio de otros instrumentos (deuda pública, por ejemplo). Pero cuando el público en general piensa en deuda, consideramos que se trata de un préstamo que debe devolverse en tiempo definido y normalmente a interés. Sin embargo el dinero (especialmente en metálico) no tiene fecha de caducidad ni genera intereses, así pues la idea de que todo el dinero es deuda, y esta deuda es impagable y un lastre para la economía, es bastante peregrina.

Además centrarse en el carácter crediticio del dinero obvia el hecho de que la deuda generada al crear dinero puede desaparecer: el banco puede eliminarla de sus libros si la considera incobrable,  si por ejemplo la prestó a una empresa que ha quebrado. Sin embargo el dinero así creado seguirá circulando. Ese dinero es un pasivo del banco central, pero el banco central no es quien tiene obligación de aceptarlo a cambio de nada (al menos desde que desapareció el patrón oro), salvo otro billete nuevo equivalente.

La TMM que apoyan los hermanos Garzón considera que gobierno/estado y banco central son un todo que debe considerarse en conjunto, y por tanto ese dinero es deuda de ese ente público que los abarca a ambos. Sin embargo ese es un punto contencioso con otros post-keynesianos y hoy había prometido no entrar en polémicas. Ya me pegaré con ellos la semana que viene.