Ha pasado ya una semana desde las elecciones generales en Japón, que no han provocado muchos titulares en el extranjero por la ausencia de sorpresas. En resumen: han ganado los de siempre.

Recordemos: acosado por escándalos de corrupción que parecen implicarle a él y a su mujer de forma bastante directa (y de los que seguiremos oyendo hablar a partir de ahora), pero con una oposición desaparecida del panorama, el Primer ministro Abe aprovechó un ligero repunte en sus maltrecha popularidad para convocar unas elecciones anticipadas (casi) por sorpresa el 25 de septiembre a solo un mes vista.

La prensa ha opinado unáninemente que Abe estaba disfrutando de un respiro gracias a las pruebas de misiles balísticos norcoreanos. Pero gente que conoce mejor la política japonesa comentan que se debía a factores internos: Abe hizo una remodelación del gabinete y se libró de ciertas figuras devaluadas, como la ex-ministra de defensa (recomiendo encarecidamente este vídeo y seguir a estos dos analistas).

A partir de ahí los hechos se precipitaron. La gobernadora de Tokio Yuriko Koike, que ya había humillado al LDP de Abe en las elecciones a la asamblea metropolitana de la ciudad, no tardó en anunciar la creación de un nuevo partido (Kibō no  – Partido de la Esperanza) para presentarlo a las generales.

Sin que estuviera aún muy claro si esta heroína del ultranacionalismo anti-establishment iba  a dejar su puesto de gobernadora para presentarse personalmente como rival del primer ministro, algo mucho más espectacular ocurrió: el principal partido de la oposición implosionó: El Partido Democrático (DP) había nombrado recientemente al muy conservador Seiji Maehara como nuevo presidente. En cuanto Koike anunció la creación del Kibō, Maehara decidió una fusión de facto con el nuevo partido.

En poco tiempo una gran cantidad de parlamentarios del DP se fueron a inscribir bajo la bandera del Kibō , pero la integración no fue completa porque Koike impuso condiciones a cualquiera que quisiera entrar. Principalmente: los candidatos debían apoyar una reforma del famoso artículo 9 de la constitución que a día de hoy (su interpretación ha variado con el tiempo), impide al país llevar a cabo operaciones militares fuera de sus fronteras.

Ante esta perspectiva, miembros del ala más progresista del DP se negaron al cambio de colores y fundaron un nuevo partido más: el Partido Democrático Constitucional (CDP). El nuevo partido vivió un comienzo fulgurante, con apoyo muy notable en redes sociales y encuestas. Y aún nos esperaba una emoción más antes de darse el pistoletazo de salida electoral: a menos de dos semanas para las elecciones la gobernadora Koike anunció definitivamente que no se presentaría. Con ello dejaba al Kibō sin liderazgo y con muy poco que ofrecer al electorado. Desaparecía cualquier esperanza de que Abe y sus sempiternos aliados budistas del Komeitō no renovaran su aplastante mayoría en la cámara.

En términos de políticas, los análisis en clave izquierda-derecha desde una perspectiva occidental aclararían muy poco. Por ejemplo:

El compromiso antinuclear y frenar subidas del IVA no es patrimonio exclusico del CDP. Además de que el LDP probablemente no ose hacer ninguna de las dos cosas, esta plataforma la comparten tanto los comunistas a un lado como el Kibō no Tō al otro extremo del arco político (en lo nacional-militar). Es más, además de estos dos compromisos, Koike ha sido la primera política de envergadura en Japón en sugerir la creación de una Renta Básica Universal para compensar las pérdidas de trabajos a manos de la robótica. En un país con una deficiente red de seguridad social, por más que se empeñen algunos, la RBU no es una propuesta conservadora en absoluto.

El día de las elecciones un huracán atravesaba Japón de Sur a Norte y sólo había dos incógnitas:

1- si la participación bajaría por debajo del 50%, poniendo en evidencia el hastío social ante el sistema de partido único que la CIA dejó tras de sí en el país;

2- quién emergería como nuevo mayor partido de la oposición ahora que el DP no existía.

Pues la cosa fue decepcionante en todos los aspectos. La participación (53,68%, empujada por un alto índice de voto adelantado en días anteriores), fue de hecho ligeramente superior a la de las previas elecciones generales de 2014, las de mayor abstención de la historia. Abe revalidó su mayoría cualificada de más dos tercios: 284 sobre un total de 465 escaños, +29 del Komeitō. El Kibō no Tō con 50 diputados, quedaba muy lejos de convertirse en una amenaza creíble para Abe. Por otro lado, el nuevo CDP con 55  escaños pasa a ser el principal partido de oposición, mientras que partidos muy conservadores (Ishin no Kai) o progresistas (los comunistas) perdían fuerza, especialmente los últimos.

Así pues, el panorama para los cuatro próximos años queda así:

  • Abe gana por incomparecencia del contrario, pero sigue teniendo una popularidad por los suelos y muchos de los votantes declaran apoyarle “porque no hay nadie más”.
  • Con su control de ambas cámaras, el Primer Ministro podría culminar la alteración del artículo 9 de la constitución con la que sueña. Aunque su aliado Komeitō se pusiera muy digno con su habitual postura pacifista, Abe cuenta con los  diputados del  Kibō no . Pero como explica mi compañero el profesor Cucek, para ello requiere además un 51% en un referéndum de resultado más que incierto. Si Abe no se ha atrevido a dar ese paso en estos tres años de “supermayoría”, no hay razones para pensar que lo vaya a hacer ahora.

  • Koike ha sido la gran perdedora y posiblemente pase a engrosar la lista de estrellas fugaces del ultranacionalismo japonés que surgen con fuerza para morir una elección más tarde y pasar a la irrelevancia nacional (aunque mantengan feudos locales como Ishin en Osaka).
  • Hay un chico nuevo en la ciudad. Se llama CDP y, al contrario que su predecesor el PD, parece tener cierta coherencia ideológica, con lo que quizás logre aglutinar voto progresista y devolverle una cierta pátina de competitividad al sistema electoral.
  • Maehara ya ha dimitido como presidente del PD para asumir el fracaso de su estrategia. Se especula que aquellos en Kibō no Tō que provenían del PD de Maehara intenten reintegrarse en el CDP. Aunque está por ver que el CDP se lo permita, la falta de visión de Maehara va a perjudicar sin duda a las opciones futuras de que el partido de Koike.