Hace dos días, escribí un post sobre las credenciales necesarias para el acceso al debate público que analizaba la controversia suscitada por la publicación de un artículo de opinión de un autor fake, Oriol Güell i Puig, por el medio CTXT. Por eso, en el día de ayer, pregunté al director de CTXT, Miguel Mora, al respecto y su respuesta irónica antes de bloquearme en TW vino a afirmar que habían comprobado que Oriol Güell no había militado en El Comuns y que protegían su identidad para impedir que yo lo amenazase. Ciertamente, fue una respuesta torpe, porque reconoció haber mentido a su audiencia al publicar a Güell como si fuese una identidad real y, después de mentirnos, nos pedía que creyésemos su palabra.

Sinceramente, a mí me resulta difícil creerles porque me han mentido ya en una ocasión y no suelo dar segundas oportunidades a los embusteros. Además, mis amigos que conocen CTXT por dentro me comentan que nadie sabe quién es en realidad Güell y que esta cuenta ha filtrado información interna de los partidos políticos catalanes. Es decir, que Güell es una especie de informante del medio y esto, si bien es totalmente legítimo, hace del todo extraño que pueda publicar artículos de opinión, porque es exponer a tu fuente y, al mismo tiempo, negar el papel del periodista, que es filtrar y verificar sus fuentes. Por esta razón, esta polémica despierta dudas sobre si se está haciendo buen periodismo y tiene unas implicaciones éticas que Mora no puede rehuir.

Por ejemplo, el nombre de Oriol Güell no es inocente, porque existe un periodista de El País que se llamaba igual. Esto concedió a la cuenta una veracidad y credibilidad al principio que cualquier usuario anónimo no tendría y el propio Güell era muy reacio a aclarar esta confusión. Del mismo modo, sus intervenciones siempre han tenido una línea política clara: atacar al equipo de Ada Colau para desacreditarlos internamente en Els Comuns. Es decir, a pesar de que mucha gente cree que Güell es el azote del independentismo, esto es falso. Es el azote de la cúpula dirigente de Els Comuns y todo el tema del procés parece un pretexto para que antiguos amigos vuelvan a ostentar cargos de poder en la organización. En este sentido, el 29 de septiembre de 2017, sus críticas ya tenían unos claros destinatarios políticos: Asens, Nuet y Dante:

De hecho, el propio Güell reconocía el 3 de octubre en un diálogo repleto de camaradería con Juan Josep Nuet, el máximo dirigente de Esquerra Unida i Alternativa, que su principal preocupación era el poco peso que los críticos con el procés tenían en Els Comuns. Es decir, su principal preocupación era la vida interna de este partido, no el debate público.

Sin embargo, durante estos días, la principal línea de argumentación de Güell fue atacar a los políticos de Els Comuns que denunciaban los excesos policiales del 1O. De hecho, el 7 de octubre denunciaba que Jaume Asens, Nuet y Dante Fachín estaban colaborando con los independentistas al negar la violencia que también supuso sacar urnas ilegalmente el 1O. Esta línea de crítica me parece totalmente legítima y acertada, porque es evidente que gran parte de los independentistas se niegan a comprender que la mitad de los catalanes se sienten amenazados por la aventura que han emprendido y la unilateralidad sólo puede llevar a un enfrentamiento civil entre catalanes, pero Güell mezcla crítica legítima y bien documentada con insinuaciones insidiosas contra sus compañeros de partido. El 20 de octubre acusaba a Nuet de haber colaborado con el referéndum para desacreditar sus denuncias de la prisión de los Jordis.

Obviamente, la crítica entre compañeros de partido mediante calumnias y anónimos en la esfera pública ya es algo que no puedo compartir y esto, parece ser, es lo que Güell y su claca son incapaces de entender. No criticamos sus ideas, criticamos sus métodos. Y como no comprenden que el fin no justifica los medios, muchos ya sabemos que han crecido en las juventudes de organizaciones comunistas, porque hemos sufrido su proceder en el pasado en otras organizaciones de izquierda. Por eso son tóxicos y terminan matando cualquier iniciativa de izquierdas pluralista surgida fuera de sus organizaciones de partido.

Sin embargo, el gran momento de Güell llegaría con sus hilos del 27 y del 28 de octubre de 2017 denunciando la fake DUI. Se debe decir que están muy bien documentados y argumentados y que Güell tiene razón. De hecho, en aquellos días me sorprendió que unos hilos con tanto detalle proviniesen de un ciudadano corriente alejado del Parlament, aunque es totalmente posible, y supuse que Coscubiela o alguien cercano le pasaba información. Esto me parece nuevamente legítimo, pero, como ya se ha señalado, intoxica el debate público con tus compañeros de partido, porque ellos no recurren a anónimos y cuentas B para discutir contigo. Lo hacen según los mecanismos democráticos que los propios partidos tienen. De hecho, el propio Güell insistió en esos mismos hilos en que era un ciudadano sin intereses espurios:

Posteriormente, el 15 de noviembre, CTXT le publicaría un artículo a Oriol Güell sobre la fake DUI firmado con su nombre como si fuese una persona real. Antes de dicho artículo, sospechaba que Güell era una cuenta colectiva de personas próximas a ICV, pero cuando CTXT publicó ese artículo dejé de creerlo, porque no puedo imaginar que un medio que pretende ser reputado como serio, me mintiese tan descaradamente. El artículo tenía firma y daba a entender que la identidad no era falsa. Eso es engañar, eso es mentir. No obstante, el artículo era confuso, porque el señor Güell daba a entender que había estado presente aquellos días en el parlament al referirse a sus sillones carmesí:

La duda que producía el fragmento era evidente: ¿esto era la voz de un ciudadano de a pie o de Coscubiela? Si era la voz de Coscubiela, por qué no publicaba con su nombre, por qué no podía argumentar tan bien y convincentemente en la esfera pública si era un representante electo de Catalunya… ah, claro, que el objetivo de esta cuenta era atacar a compañeros de partido y eso no es muy presentable.

Gracias a CTXT, Güell se construyó una reputación y una identidad falsa. Dio a entender que era una persona llamada Oriol Güell sin intereses partidistas. El mismo 3 de junio de 2018, volvió a insistirme en que se llamaba Oriol Güell, pero que no era el periodista. Simplemente, mintió.

Por lo tanto, Güell es un fake, un farsante, un impostor y mentiroso reconocido y, a pesar de todo ello, CTXT le volvió a permitir un artículo con su identidad falsa el mismo día que en Els Comuns empezaba un proceso de primarias. Gracias al debate público que suscité, CTXT tuvo que rectificar y reconocer que se trata de una identidad falsa. Ahora nos dicen que han comprobado que dicha identidad no representa la voz de una facción interna de un partido. Señores, no soy imbécil. Me han engañado en una ocasión. Estoy molesto porque me han engañado, pero más molesto por mis amigos que cometieron la locura de entrar en proyectos como Podemos o Els Comuns esperando que esta vez sería diferente, que esos apparatchiks de partido comunista que sólo saben hacer política tras la difamación y el anonimato darían un paso atrás y dejarían que personas libres de pasados incómodos capitaneasen la izquierda. Les advertí que eso era imposible, que estas personas tóxicas no tienen más vida que sus organizaciones de partido, que lo boicotearían todo hasta agotarlos y obligarlos a abandonar para retomar el control del partidos. Sólo quieren mandar, aunque se trata de mandar a sus cuatro amigos de siempre y pierdan todas las elecciones. Así son felices y es lo único que les importa, el procés es secundario, un simple pretexto para atacar a compañeros de partido.