Retrato de Ricardo III. Si eres un reconocido traidor, liderar proyectos colectivos se hace muy difícil.

La ignominia suele estar precedida por la cobardía y no se puede negar que Iñigo Errejón ha dado buena prueba de ello esta semana. Aprovechar el momento de máxima debilidad de tu propio partido y compañeros para abandonar el barco y apuntarte a un proyecto que tiene como principal objetivo tu simple supervivencia política no es el comportamiento esperable de un líder. Menos aún, si en los últimos dos años has pedido a decenas de compañeros que luchasen contra Pablo Iglesias, pero sin ayudarles o implicarte personalmente para poder salvar tu culo en caso que de fracasasen. Por mucho que los madrileños crean que Errejón es su héroe por enfrentarse a las purgas de Pablo, el hecho cierto es que en esos Podemos periféricos que jamás cuentan y son olvidados, los disidentes ganaron democráticamente puestos de dirección y no fueron purgados. Es decir, que dentro del partido había disputa democrática que no ganaban los pablistas y esto se debía a un simple hecho: había una oposición valiente, que daba la cara y se jugaba el todo por el todo. Algo que Errejón siempre fue incapaz de hacer.

Sin embargo, los problemas que arrastraba Podemos eran irresolubles. Como expliqué en diciembre de 2016, el fracaso de Syriza dejó al partido sin estrategia, ya que abordar un tema como el pésimo diseño del Euro y las nefastas consecuencias que tenía sobre la economía española era un tabú, precisamente, por recomendación/imposición de los estrategas de la táctica electoral que eran los errejonistas. Es decir, los primeros en impedir el debate de ideas dentro de Podemos fue el grupo de Errejón. Es posible que mucha gente haya olvidado todo esto, por eso es necesario recordar que el partido surgió como una escisión de IU. Los cinco profesores de la complutense (Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa y Alegre) interpretaron correctamente que el 15M era una impugnación a la totalidad al R78 y su sistema de partidos y que eso afectaba a IU, que había sido comparsa necesaria de nuestro sistema político. Eso significaba que si IU deseaba aprovechar esta crisis para romper con las inercias que hundían el partido, debía hacer una apuesta rupturista y arriesgada por dejar el lenguaje de clase y adoptar los discursos republicanos, populistas y regeneradores; pero, como es obvio, las cúpulas del partido no quisieron prestarse a ser sustituidas por estos jovenzuelos y les hicieron la vida imposible dentro del partido, de tal forma que optaron por jugársela y presentar un partido de diseño a las elecciones europeas. La apuesta fue un éxito total y ellos esperaban regresar aclamados a IU para liderar un nuevo partido nacional.

Sin embargo, en IU no quisieron saber nada de estos advenedizos y los cinco de la complutense se encontraron ante una adversidad no calculada: crear un partido de ámbito estatal. Eso obligó a improvisar sobre la marcha, crear círculos, marcas ciudadanas y una gran inventiva que, en términos generales, se demostró un éxito en las elecciones de 2015. Aquella misión imposible la sortearon con suma cum laude. No obstante, a nivel interno e ideológico se empezaron a mostrar las propias carencias de aquel proyecto. De hecho, en enero de 2015 recibí la invitación por parte del Colectivo Burbuja para participar en la creación de una serie de podcasts de debate político que tratarían temas tabúes de los medios generalistas como la crisis griega, la Unión Europea o el peak oil. Fue el origen de Ampliando el Debate que a lo largo de 2015 sería la única voz que trataría el cambio de dirección que ocurría internamente en Podemos. Antes de las elecciones, muchos republicanos independientes se sumaron al proyecto para trabajar en su programa económico y todos estaban unidos por el mismo diagnóstico de la realidad española: 1) el R78 era irreformable y se debía apostar por una ruptura 2) dentro del Euro era imposible aplicar cualquier política macroeconómica que enderezase el rumbo del país. No se trataba ni siquiera de un análisis de derechas o de izquierdas, se dirigía a los problemas sistémicos que sufríamos y, además, afirmamos que si la izquierda no era valiente y rupturista, estos discursos serían asumidos por una extrema derecha electoral que terminaría arrasándonos.

Nuestras conclusiones eran claras: la prioridad no era vencer electoralmente, era convencer. Podemos debía ser un proyecto que permitiese debatir públicamente los temas tabús, porque alcanzar el poder sin el respaldo de una población convencida por nuestro proyecto y con una clara determinación de resistencia arrojaría al partido y al país a la misma crisis que afrontaba Syriza. Como es lógico, esta independencia y lucidez no gustaba y Errejón optó por lo que nosotros bautizamos como el errejonismo de que algo cambie para que todo siga igual. Además, gracias al éxito electoral del partido, muchos compañeros tuvieron cargos con su correspondiente paguita y vimos un cambio radical en ellos: estaban más preocupados en ser reelegidos y mantener el sillón que en discutir sobre los males de España. En esa situación, el discurso de moderación y adaptación al R78 triunfó y aquel grupo de republicanos independientes que no estaba adscrito a ninguna organización partidista fue abandonando ese proyecto político, mientras que en Catalunya muchos de ellos se sumaron a Els Comuns o, directamente, a las filas del independentismo al ver que cualquier reforma de España era imposible.

Por lo tanto, atrapados en ese callejón sin salida, el partido se transformó en una lucha de liderazgos sin un plan programático que articulase nada. Los partidos periféricos que crearon eran una simple sucursal de Madrid que vivían atenazados por las luchas intestinas entre facciones. Esto empeoró con la decisión estratégica de concurrir a las elecciones legislativas de 2016 junto a IU, que propició un doble juego en Pablo Iglesias: en aquellos lugares donde ganaban sus críticos, él apoyaba a IU para debilitar a las propias estructuras de Podemos. Es decir, Pablo Iglesias era el líder de dos partidos en la práctica y nadie supo terminar con ese doble juego. En este punto, el principal responsable de todo este fue Errejón, que nunca quiso hacer una oposición directa y leal como correspondía. Su sueño de recuperar a Pablo Iglesias como amigo y que fuese el líder del proyecto político de otros era absurdo. Errejón jamás quiso dar un paso al frente y asumir el liderazgo, jugarse el todo por el todo para asumir la responsabilidad máxima del partido. Se comportó como un veleta, como un cobarde oportunista, fue un auténtico Capitán Araya, que embarca a su gente y se queda en la playa.

Por esa razón, dentro del partido fue quedándose aislado sólo con sus compañeros de Madrid. En las periferias se hartaron de él, de sus lloros, de sus gritos desesperados pidiendo solidaridad, compromiso con él, ilusión… y su total cobardía llegado el momento de la verdad. Muchos se rompieron la cara por él y él jamás dio la cara por nadie. Todos se cansaron de él y, gracias a la llegada de Sánchez al poder, se concentraron en apuntalar una coalición de izquierdas y de ser los interlocutores con los independentistas. Después de casi dos años de luchas internas, el partido tenía una dirección y unos objetivos propios. Podemos era el único puente tendido entre Madrid y Barcelona, la bisagra que mantenía unido el bloque democrático ante el avance del tridente reaccionario de Vox, PP y C’s. En esta tesitura, Errejón decidió asumir a la fatídica Clara Ramas como filósofa de cabecera y empezar a pregonar las bondades del rojopardismo y del diálogo con Vox. Mientras el país está sumido en una salvaje crisis institucional, Errejón sólo ha pensado en cómo destacar diciendo sandeces peronistas para buscar un sillón para su culo. El infantilismo y la irresponsabilidad son mayúsculos y no se puede excusar por mucho que los habituales de Malasaña estén muy ilusionados ante la posibilidad de que un colega toque poder en alguna institución de Madrid y vuelva a caer algún carguito. Sinceramente, España lo que menos necesita es Más Madrid, pero, además, este ya no es el debate: gracias a Errejón ya no hay izquierda estatal o de ámbito nacional. Justo ayer Els Comuns saltaban también por los aires e ICV pasaba a controlar el partido. Las organizaciones periféricas de Podemos es muy posible que terminen integrándose de facto dentro de IU antes de las elecciones autonómicas y municipales y la posibilidad de lograr una candidatura conjunta de las izquierdas para el parlamento europeo se ha complicado enormemente con esto. La envergadura del desastre pocos la ven todavía y a los progres madrileños, literalmente, se la suda. En serio, la primera reforma que necesita nuestra Constitución es la disolución de la Comunidad Autónoma de Madrid y la construcción de un Distrito Federal. Madrid está hundiendo a España.